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Nadal frustra la hazaña británica

  • El manacorí se recupera de la superioridad inicial de Andy Murray para vencer en cuatro sets y hacerse con el pase a su quinta final en la hierba londinense · Djokovic venció a Tsonga y es nuevo número uno

Rafael Nadal luchará mañana por su tercer título en Wimbledon, oportunidad para tomarse revancha del serbio Novak Djokovic, nuevo número uno del mundo al ganar ayer en un escenario que sigue acumulando años de frustraciones para los británicos.

Nadal, que el lunes cederá oficialmente el mando del tenis al serbio, se impuso ayer al británico Andy Murray por 5-7, 6-2, 6-2 y 6-4 en una ya sombría cancha central que, horas antes, había visto un notable 7-6 (4), 6-2, 6-7 (9) y 6-3 de Djokovic sobre el francés Jo-Wilfried Tsonga.

“Me siento increíble. Cuando terminé el partido no sabía cómo mostrar mis emociones”, dijo Djokovic, que cayó vencido de espaldas sobre el césped del All England, que luego besaría.

Bicampeón del Abierto de Australia, Djokovic está por primera vez en la final de Wimbledon y se ha convertido en el primer serbio en la historia que alcanza el número uno, que desde el 2 de febrero de 2004 estaba alternativamente en manos del suizo Roger Federer o de Nadal. Tsonga, 19 del mundo, fue un buen rival, pero su inconsistencia permitió entender su posición en el ranking, porque de su raqueta brotan en realidad la potencia y la calidad de un top five. “Podría haber derrotado a cualquiera hoy, pero no a Djokovic. Jugó increíble”, justificó el francés de 26 años.

También jugó increíble Murray durante cerca de una hora. El espíritu de Frederick John Perry se movía liviano por el All England Club, feliz de sólo percibir que podía acabarse ese pesado recuerdo que aflora periódicamente, el de ser el último británico campeón de un Grand Slam, el US Open de 1936.

Pero la estatua de bronce de Perry seguirá siendo objeto de peregrinaje en la verde pradera al sudeste de Londres, porque ya está claro que se cumplirán al menos 76 años sin que un británico gane Wimbledon. Lo que logró el inglés Perry en 1936 se le tornó imposible al escocés Andy Murray en 2011.

“¿Podría, por favor, fallar una?”, rogó el comentarista de la BBC en el primer juego del cuarto set. El mensaje iba dirigido a Nadal, que a esa altura había puesto quinta y veía cada vez más lejos en el retrovisor a Murray, finalista en Australia y semifinalista en Roland Garros este año.

Un Murray notable en el primer set y el inicio del segundo. Pero los partidos deben ser rematados, ni hablar de si enfrente está el infernal Nadal. Y eso fue precisamente lo que no hizo Murray con ventaja de 7-5, 2-1 y 30-15. En vez de liquidar el juego y afirmarse en la ventaja, erró una derecha sencilla y devolvió al español a la vida.

En cuestión de instantes, Nadal dejó de correr de una punta a la otra de la cancha, que era lo que Murray venía obligándolo a hacer. Algo que muy pocos pueden. El escocés comenzó a errar, Nadal se afirmó y el partido cambió de dueño.

Promediaba el tercer set y ya no había ni sol ni calor sobre el pálido césped seco del más famoso de los escenarios del tenis. Seguía habiendo puntos notables, sí, Murray mostraba de tanto en tanto esa mano de puro talento que muy pocos tienen, pero la historia volvía a ser la de casi siempre. En el final, Nadal pegó un salto apretando el puño y sonrió por primera vez en el partido.

Finalista en 2006 y 2007, campeón en 2008 y 2010 con ausencia por lesión en 2009, Nadal buscará mañana su undécimo título de Grand Slam. Federer tiene el récord, con 16.

Lo hará cuatro semanas después de haber ganado su sexto Roland Garros, la continuidad de un 2010 en el que enhebró títulos en París, Londres y Nueva York. Federer, su gran rival, ya no está en el All England, porque se fue antes de tiempo. El rival será el mismo de la final del US Open 2010, aunque Djokovic no es el mismo, no en vano batió este año a Nadal en las finales de Indian Wells, Miami, Madrid y Roma.

Las 49 victorias en 50 partidos disputados por Djokovic lo convierten, claramente, en el mejor jugador de la actualidad. Pero enfrente estará Nadal, y pocas cosas motivarán más al español que ganar su tercer Wimbledon postergando al hombre que osó poner fin al duopolio que compartía con su amigo Roger.

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