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Nadal, una transición exitosa, de momento, de la arcilla a la hierba

Nadal, en su debut en Wimbledon. Nadal, en su debut en Wimbledon.

Nadal, en su debut en Wimbledon. / facundo arrizabalaga / efe

Una victoria cómoda, predisposición para salir al ataque y 25 subidas a la red: Rafael Nadal confirmó en su debut en Wimbledon que la transición de la arcilla a la hierba va por el buen camino.

El lunes derrotó por 6-1, 6-3 y 6-2 al australiano John Millman en su primer partido en césped después de dos años, 732 días para ser exactos. Y las sensaciones tras volver a competir en hierba, una superficie que exige movimientos y golpes totalmente diferentes al resto, fueron más que positivas. "Jugó bien, agresivo e hizo cosas que va a necesitar ante jugadores más buenos si quiere llegar lejos", analizó Francis Roig, el técnico que lo acompaña en Londres junto a su tío Toni.

"Es una superficie en la que puede pasar cualquier cosa", insiste una y otra vez el jugador balear. Cierto es que el césped es el tipo de pista más imprevisible del tenis, pero no es menos cierto que el español jugó cinco finales consecutivas en Wimbledon: él sabe como pocos el camino para ser competitivo sobre el verde.

Tras su gran primavera europea (con títulos en Montecarlo, Barcelona, Madrid y Roland Garros), el ex número uno decidió no disputar el torneo de Queen's, que iba a jugar como preparación antes de Wimbledon y aprovechó que el torneo de Mallorca cuenta con el mismo césped del All England Club para su puesta a punto.

Después viajó a la capital británica una semana antes del arranque de Wimbledon y jugó dos partidos de exhibición. Pero lo que iba a marcar de algún modo la pauta era el primer encuentro en Wimbledon. "Los apoyos en hierba son más violentos y el tipo de agujeta aquí no tiene nada que ver con las de tierra. Sobre el albero, normalmente es un cansancio global, aquí son en el culo y detrás de las piernas", completa Roig. "Y después la pelota también cambia mucho", añade Toni Nadal. "Es mucho más pesada y es más difícil darle el efecto. Tienes que cambiar el movimiento. En tierra girando la muñeca ya te rueda bien. Aquí, si giras demasiado la muñeca la pelota se te queda clavada en la raqueta. Es una dificultad añadida. Aquí cuenta mucho el servicio y el resto. Es lo que cambia todo. En tierra tienes la sensación de control y aquí tienes la sensación de descontrol", explica.

Nadal conoce bien esa sensación de descontrol. "He jugado cinco finales aquí. Lo digo por experiencia: no pretendas tener la sensación de dominar la superficie al completo, porque no se puede", señaló el campeón de 15 grandes que intentará continuar por esa línea de progresión en su duelo de hoy ante Donald Young, zurdo como él, número 43 del ranking y dueño de potentes golpes.

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