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Nadal y la ministra francesa

  • El honor del tenista es lo primero

La épica final del último US Open mostró al mundo las razones por las que Rafa Nadal se ha ganado ser uno de los mejores deportistas de todos los tiempos. Tras este decimonoveno Grand Slam el universo deportivo se ha rendido a Nadal, llegando elogios y palabras de admiración de todos los rincones del mundo. Bueno, en todos no, a lo mejor en algún rinconcito de Francia hay alguien que se seguirá retorciendo de odio y envidia, porque su Nadal dopado sigue ganando y engañando al mundo.

Rafa Nadal es una leyenda del deporte, que una ministra de deportes de Francia, Roselyne Bachelot, intentó humillar. La política, sin escrúpulos, sin pruebas, no dudó en intentar desprestigiar la carrera del tenista manacorí. Él, que venía de atravesar graves problemas físicos que a punto estuvieron de terminar con su carrera profesional, fue acusado de dopaje.

A Nadal no le importó tener que demandar a una ministra, en el país de ella. La política, sin escrúpulos, altanera, arropada por un abogado solo al alcance de los ricos, decidió que le daba igual ir a los tribunales, total, si al final los abogados los paga el pueblo. En noviembre de 2017, la justicia francesa condenó a la ministra, declarándola culpable de difamación, obligándola a pagar la cantidad de 10.000 euros, que Nadal donó a obras sociales en el país vecino. Mientras la grandeza de Nadal seguía creciendo, la ministra en boca de su abogado, que para eso cobran una millonada, ladró que "(Bachelot) no se arrepiente de nada", poniendo de manifiesto la arrogancia de una política sin escrúpulos, ni respeto por nada, ni nadie.

Ese año de la sentencia, Nadal había ganado Roland Garros en París y el US Open en Estados Unidos. Después dos Roland Garros más (2018 y 2019) y el reciente abierto de los Estados Unidos y muchos otros campeonatos. Hoy sigue siendo el mejor embajador de nuestro país y todo un ejemplo de esfuerzo, talento, respeto y humildad.

La política, con su abogado de los ricos, al final salió condenada. La política, que se creía por encima del bien y del mal, con su abogado de los ricos, no pudo impedir, por mucho que mintiese en los medios de comunicación, que la verdad saliese a relucir. Rafa Nadal, nos dio una lección más: Debemos luchar por el honor y la verdad, aunque sea contra una política corrupta.

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