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Zinedine se topa con Zidane

  • La mano blanda del galo para meter en la causa a toda la plantilla y explotar su calidad es la misma que cede a la titularidad de Bale y que duda al rectificar en el fragor de los partidos

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Zinedine se topa con Zidane

Ni la mística del Bernabéu. Ni siquiera eso frenó al mayor genio con un balón en los pies. Al Real Madrid le llovió oro molido con ese gol de James en el minuto 86, que restablecía las tablas en el clásico y la ventaja de tres puntos, y con un partido menos, de los blancos sobre los azulgrana. Pero el enardecimiento de la grada contagió a sus héroes y, como las riendas del partido se perdieron hacía ya muchos minutos, los chicos de Zidane fueron a por la sentencia del campeonato. En toda la historia de la Liga, lo que equivale a muchísimo tiempo, jamás había perdido el Real Madrid en su coliseo con un gol en el alargue. Como para no dejarse llevar por la ola y buscar el tercero ante Ter Stegen. Pero también esa barrera derribó Messi. Otra más. La enésima. Esa acción es un torpedo a la línea de flotación del Madrid, pero aún tiene la sartén por el mango. Depende de sí mismo por esa bala extra en Vigo. Eso cuenta más que las dudas que destila Zidane y las que emanan de su entorno. No supo negociar el clásico el francés.

Desde que asumió el cargo, Zidane ha sabido dar entrada a los numerosos jugadores de primer nivel que esperan su oportunidad en el banquillo. Pero si Bale ha estado sano, ha sido casi innegociable para él que jugara junto a Cristiano y Benzema para conformar ese trío que tanto condiciona el andamiaje del centro del campo. Cuando Bale ha estado en la enfermería -lo que ha ocurrido a menudo-, los Isco, James, Lucas Vázquez o Asensio han ido entrando en la rueda y respondiendo. Pero el galés se apuntó al partido del domingo a pesar de haber completado sólo tres entrenamientos con sus compañeros. Y el sóleo sano, el que cargó mientras rehabilitaba el lesionado, protestó pasada la media hora. Como protestaron no pocos madridistas cuando el galés se tuvo que marchar de la hierba antes de tiempo.

Tuvo ocasión Zidane de aprovechar la lesión de Bale para reforzar la medular y replicar a ese control que estaba ejerciendo el Barcelona con Busquets, Rakitic y... Messi, que se incrustó por dentro. Tuvo ocasión el francés de meter a Kovacic para echar una mano a Casemiro, impotente para frenar al genio argentino, o volver a tirar de Isco para que el talentoso malagueño ayudara a la sala de máquinas y ofreciera alternativas en ataque. Apeló a Asensio, lo que no fue mala cosa, ni mucho menos, por el nivel óptimo que el chaval viene ofreciendo. El problema fue que para el equipo, para responder en el tablero a la estrategia de Luis Enrique, no fue la mejor solución.

El Zidane que es alabado por su mano izquierda en el manejo del vestuario para que todos se hayan embarcado en la causa y vayan sumando cuando salen -hasta James, que tiene la mente en otra parte, aporta cuando lo hace- es el mismo Zidane que claudica con Bale y que luego no es capaz de corregirlo sobre la marcha, en el fragor de la batalla.

El Madrid sigue siendo favorito al título por mucho que el Barcelona sea líder hoy. Tiene esa cita pendiente en Vigo -y posiblemente, justo antes de la última jornada- que lo alivia ante la posibilidad de que el Barcelona gane sus cinco partidos, lo que puede hacer perfectamente. Pero Zidane deberá negociar dos asuntos: que la semifinal de Champions con el Atlético no afecte a sus partidos ante el Valencia en casa (antes de la ida), Granada fuera (antes de la vuelta) y Sevilla en casa (después de la vuelta), por una parte. Y, por otra, que la presión no acabe afectando a sus decisiones sobre la marcha. Ante el Bayern le pudo costar caro en la vuelta. Y ante el Barça, el tiempo dirá.

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