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La contrarrevolución como código

  • Lejos del imperante estilo lírico, el Eibar consolida su proyecto, inmerso en una trayectoria de progresivo ascenso

  • El equipo armero pelea por Europa en su tercera temporada en Primera

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La contrarrevolución como código

A este Eibar no se le atisban límites. Da para reflexionar la trayectoria del club guipuzcoano, radicado en un municipio que no llega a los 30.000 habitantes, tanto en su periplo histórico como en su actual velocidad de crucero que lo mantiene con opciones de disputar la Liga Europa la próxima temporada. Una posible lectura de los resultados en la última década del equipo armero apunta a que basta una gestión seria, sin aspavientos y con miras al largo plazo para consolidar un club de fútbol entre los punteros de la competida Liga Santander.

Después de derrotar al Celta en Balaídos (0-2), el conjunto entrenado por José Luis Mendilíbar -renovado una temporada más- ha recontado los nueve puntos disputados en los últimos nueve días. Al logro en Vigo han de sumarse las victorias ante el Villarreal (2-3) y frente a Las Palmas (3-1). Con menos nombres que hombres, valga este lugar común, resulta de justicia mencionar el estado actual del delantero Kike García, autor de cuatro goles en las últimas cuatro jornadas. Sirva como apunte a la hora de calibrar la gestión del club eibarrés que el ariete, con ocho goles en el curso, jugaba en el Murcia hace cinco temporadas en Segunda B.

Pocas cosas son producto de la casualidad, menos aún en una competición como la española. Y por algo será que sea la del Eibar la historia de un equipo en meteórico ascenso. Así lo testifican sus tres temporadas en Primera -las únicas desde su nacimiento, en 1949, y de su refundación, en 1979- en las que terminó 18º, 14º y en un actual séptimo provisional, respectivamente. Anteriormente, su máximo logro se limitaba a un cuarto puesto en la 2004-05. Y ya ha llovido desde entonces.

La escuadra guipuzcoana continúa batiendo marcas año tras año. Liberado de ese destino de los clubes humildes de marcar una notable primera y una posterior caída libre en la segunda -algo que padeció en su primera campaña en la élite (2014-15) y que lo descendió deportivamente, aunque no administrativamente-, en la pasada temporada, después de una segunda mitad de la competición discreta, mostró arrestos para conseguir la permanencia a falta de cinco jornadas.

El pasado le ha servido para ganar experiencia y hoy es un equipo respetado. Mendilíbar ha sabido ordenar a un colectivo que sabe a lo que juega, que cree en sí mismo, que es solidario, sacrificado y que compite al unísono, de memoria, siguiendo el compás de esas cuerdas a las que acostumbran los técnicos a domeñar los movimientos de sus peones durante los entrenamientos. Ni en el mejor de los sueños podrían haberse visto sus hinchas con 50 puntos a estas alturas de la Liga.

En unos tiempos en los que el fútbol más admirado es el practicado con el copyright de la Masía -alegato a una poesía demasiado afectada a veces-, el estilo del Eibar resulta contrarrevolucionario en esta era de la lírica del balón. Su juego no inspira a los hagiógrafos ni a los bardos de la intelectualidad balompédica, pero más de un dirigente de fútbol desearía verse en una situación como la suya. Sus claves se encuentran en la discreción, la sensatez y el largo plazo, términos vetados para muchos.

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