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El duopolio ya es historia

  • Djokovic, al ser nuevo número 1, acaba con el dominio alterno de Nadal y Federer

Una era comienza a resquebrajarse en el tenis masculino, lanzado desde ayer hacia algo que muchos ya no recordaban: el número uno del mundo en manos de alguien que no es ni Federer ni Nadal. El esperado tercero en discordia se llama Novak Djokovic y con su victoria ante Tsonga y su salto a la final de Wimbledon ha llegado a esa cima con la que soñaba desde que empezó a competir. El duopolio del suizo y el español ya no existe.

El ranking del lunes 4 de julio certificará el cambio de mando, y Djokovic tendrá razones de sobra para celebrar, aunque lo que más importe a las estrellas sea ser los mejores cuando se cierra el año, ser los reyes de la temporada. Y ésa es una carrera aún abierta en la que Nadal y Federer siguen apuntados.

Con el de ayer, Djokovic ha ganado 47 de los 48 partidos este año. Sólo Federer pudo frenarlo, en las semifinales de Roland Garros. Aquella fue una situación idéntica a la de ayer, porque, con ganar, el serbio se aseguraba el uno. Perdió y le dio cuatro semanas más de gracia a Nadal, que ya a principios de mayo había considerado finiquitar su presencia al frente del ranking.

A sus 24 años, Djokovic es un tenista de gran experiencia, un hombre dotado para el juego que saltó al primer plano el 1 de abril de 2007 al conquistar el torneo de Miami. "Mi vida es maravillosa", dijo aquella vez el hombre nacido el 22 de mayo de 1987 en Belgrado, sin saber hasta qué punto podía tener razón. Su juego compacto, su precisión para impactar la pelota y su sentido estratégico lo situaban como candidato a hacer cosas grandes, y nadie puede negar que las hizo: conquistó 25 títulos, dos de ellos de Grand Slam, en 2008 y 2011 en Australia, y hace tiempo que es el número dos del mundo.

Pero en su carrera se enfrentó a un obstáculo mayor, la dupla Federer-Nadal. En otras épocas, el número uno ya habría sido suyo, pero a Djokovic le tocó compartir era con dos de los mejores de todos los tiempos: "Fue un período de subir y bajar. No tuve consistencia. En 2008 era joven, le daba fuerte a la pelota y no me importaba mucho. Luego llegaron la presión y las expectativas por tu carrera".

"Y al mismo tiempo era difícil, porque estaban Federer y Nadal", dijo el serbio tras conquistar el Abierto de Australia en enero, uno de los seis torneos que sumó este año tras haber ganado en diciembre por primera vez la Copa Davis.

El Djokovic de hoy no es el mismo de los inicios. Aquel, despreocupado, quizás inconsciente, quizás soberbio, se burlaba una y otra vez de sus colegas imitándolos en estadios de medio mundo. Hasta que un "basta" claro le llegó de más de un peso pesado. Desde entonces, nunca pudo remontar la cuesta de ser un jugador que no se cuenta precisamente entre los más queridos en el vestuario.

Mejor concentrarse en el tenis, y lo hizo tras un 2010 en el que ganó sólo dos torneos menores. El serbio vivió una pequeña crisis: o hacía algo o sería el eterno tercero en discordia. Lo hizo. Se tomó muy en serio la preparación física y el psicólogo bosnio Igor Cetojevic, hizo su aparición y descubrió algo importante: Djokovic, aunque no es celíaco, rinde mejor si come alimentos sin gluten. Adiós a las pizzas y los panqueques en el centro de esquí de Kapaonik, donde su padre tiene un restaurante.

Esta noche habrá fiesta serbia en Londres, ésa ya organizada y luego cancelada tras la derrota ante Federer en París.

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