supercopa de españa

Una final de Supercopa sin límites

  • Miles de personas accedieron al asalto al Gran Estadio de Tánger debido a la escasez de tornos

  • La organización dispuso un solo acceso para alrededor de 10.000 aficionados

Un momento del asalto al Gran Estadio de Tánger, el domingo. Un momento del asalto al Gran Estadio de Tánger, el domingo.

Un momento del asalto al Gran Estadio de Tánger, el domingo. / j. M. G.

Un gol de Pablo Sarabia al filo del minuto 10 puso en vilo a miles de aficionados culés. El grueso de espectadores que el domingo se dieron cita en el Gran Estadio de Tánger para presenciar la final de la Supercopa de España entre el FC Barcelona y el Sevilla FC lo hicieron con la zamarra azulgrana y aplaudieron alocados tras el saludo que el astro Leo Messi dirigió al inicio del encuentro.

Alrededor de una cuarta parte de las 45.000 personas que acudieron fueron víctimas poco antes del pitido inicial de Del Cerro Grande de una avalancha, que se saldó sin incidentes por algún tipo de indulgencia divina.

El complejo deportivo tangerino se divide en sectores, a los que se accede escaleras y, en algunos puntos concretos, a través de unas rampas dispuestas en caracol. A dichos sectores se llega por un segundo filtro, identificados con nombres de accidentes geográficos como Mediterráneo o Malabata, cabo situado en el litoral de Tánger.

En las inmediaciones del complejo deportivo tangerino se dispuso el primer filtro de seguridad. Se hizo en la carretera que, en el día a día de la ciudad, bordea el campo en el que el IR Tánger disputa la Botola Pro. Allí un equipo de policías marroquíes pidieron las entradas a todo el que se acercó a su altura y, acto seguido, las ticaron. Al periodista y a sus acompañantes le requirieron su tícket, pero no le preguntaron por el contenido de sus mochilas. En este caso se trataba de varias botellas de agua y unos zapatos de piel, que forman parte de otra historia de las que no hay que dar cuartos al pregonero. Eran las 19:30.

En la fila de espera del Acceso Malabata aguardaron horas antes al encuentro alrededor de diez mil personas. Esta entrada consistía en tres tornos giratorios unipersonales. El estadio se encontraba cercado por una empalizada metálica y, a escasos metros de esta, un perímetro de seguridad formado por vallas comunes en eventos de gran afluencia. La cola no avanzó tras una hora de espera. A la sazón la aguja del minutero se hallaba a caballo entre las 20:25 y las 20:30. Hasta una decena de discapacitados entraron al estadio haciéndose hueco entre la muchedumbre y a través de una valla suelta.

Sin control y con barreras para unas personas a las que muchos se juntaron para evitar la espera. Un espectador en silla de ruedas accedió acompañado por hasta una decena de supuestos familiares, según se identificaron en un fluido francés.

La desesperación comenzó a apoderarse de quien había abonado 500 dirhams (50 euros) para ver en directo al campeón de La Liga en uno de los costados del estadio. Se produjeron un par de discusiones a escasos cincuenta metros de la zona de los tornos. Más allá el griterío en dariya era tan incensante como ininteligible para los aficionados llegados del sur de Europa y el resto de enclaves. Fue entonces cuando una turba compuesta por millares de personas dio al traste con el perímetro de vallado exterior. La emprendieron a empellones con el cerco hasta derribarlo. Acto seguido, comenzaron a saltar el vallado metálico del estadio ante la mirada incrédula e impávida de los agentes de la policía marroquí. Ningún agente de uniforme hizo ademán de frenar lo que supuso un asalto. Sin registros en el primero de los accesos, la opción ya en este punto se había disipado.

Menores sin acompañantes y acompañados se mezclaron en un abanico variopinto de asaltantes compuesto por personas de mediana edad, ancianos, fornidos, enclenques o adolescentes. Sin vallas, un talud de aficionados descargó con fuerza sobre la puerta de entrada, sin heridos de los que se tenga constancia. La situación se hizo insostenible en una especie de punto de retorno, en la jerga de la navegación aérea.

Tras el filtro de entrada contemplaban inmóviles una decena de policías y miembros de la seguridad privada del estadio como el goteo de saltos continuaba.

A la postre el tanto de Dembele emocionó a miles de amantes del fútbol español, cuya ansia les llevó a reventar en tan solo dos minutos el dispositivo de seguridad de un estadio "más moderno que muchos de Europa", en palabras de Abdeltif Afia, representante de la Real Federación de Fútbol de Marruecos.

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