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No quedan Ligas como las de antes

  • El homenaje que recibieron dos iconos como Mauro Silva y Marchena fue un romántico guiño a los torneos que se salieron del guión

  • Isco y Messi hacen posible que el clásico sea de diseño

No quedan Ligas como las de antes No quedan Ligas como las de antes

No quedan Ligas como las de antes

Ya no hay Ligas como las de antes. Estamos ante una Liga de mucho diseño, pero de poco fondo. Como un plato de Máster Chef, con colores de la misma familia, pero de poca chicha. Bien vendida a los patrocinadores, escalonada en horarios, en la que no se insulta, no se bebe, no se fuma... una Liga en la que la que si quieres beberte una botella de agua debe ser de un buche porque te la sirven sin tapón.

Una Liga en la que el ketchup de las salchichas viene en bolsitas y en la que los goles no se celebran quitándose uno la camiseta ni subiéndose a las vallas como se ganó su apodo el Puma Morete, ahora que Las Palmas dejó de ser la alternativa al Barça en la capacidad para sobar el balón por el renuncio de Setién.

Una Liga en la que las entrevistas las hace Valdano disfrazado de Antonio Gala con preguntas a las que sólo les falta un acompañamiento de violín, una Liga que los árbitros se empeñan en hacer aburrida y que jamás saldrá de un raíl definido de antemano, una vía de tren interminable en la que dos puntos, en un camino hacia el infinito, siempre tienen la misma distancia entre ambos.

El homenaje que recibieron dos grandes esta jornada quizá sea un guiño al romanticismo de aquellas Ligas en las que en medio de ese raíl entraban cuerpos extraños. Mauro Silva y Marchena, iconos para dos clubes potentísimos en su momento y a los que se los llevó por delante el espíritu Tebas, desafiaron el régimen establecido con sus saludos desde la hierba de Riazor y Mestalla, respectivamente.

La imagen con la palabra ilustra; la palabra sola, engaña. Es verdad que los tiempos cambian, pero la compostura siempre fue la compostura. El traje es la mejor piel para estos casos; mucho más si ésta está tatuada. Será cuestión de acostumbrarnos, pero Mauro y Marchena dieron una lección en el vestir en los dos momentos más especiales de la jornada. Aquel Deportivo fue una máquina y el Valencia siguió el camino. Tres Ligas, tres Copas del Rey y cuatro Supercopas usurpadas a los de siempre. Hoy han conseguido que ambas aficiones tengan que celebrar la permanencia de los dos equipos que le tosieron a los grandes en un comienzo de siglo alentador que duró lo que tardaron en repartirse las golosinas de las televisiones. Después de eso, el desierto. Bravo por Mauro y Marchena, símbolos de ese fútbol que se fue, de la fidelidad a unos colores y a una Liga: cerca de 700 partidos entre los dos. Ya no quedan Ligas como las de antes.

En la que tenemos, como casi siempre que no es un árbitro, dos futbolistas se encargaron de que todo fuera por el raíl del infinito. Isco rescató al Madrid en Gijón y Messi lo hizo en la cita del Barcelona en el Camp Nou para que no hubiera incendios en la semana fatídica para los objetivos de ambos. El duelo para el que ya prepara su garganta el gritón que ha puesto la histriónica banda sonora al fútbol de una generación entera (Carlos Martínez) ya tiene asegurado su cuota de pantalla con la frase que no podía faltar en el guión, "sin novedad en el frente". Real Madrid y Barcelona se medirán el próximo fin de semana para cumplir con el rito y con los patrocinadores: que la Liga se decida entre ellos.

Cuando por medio entran en juego otros, como un poco antes sucederá con Bayern Múnich y Juventus, pueden pasar cosas que no se pueden controlar. Y eso ya no gusta tanto. Ya no quedan Ligas como las de antes.

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