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Tribuna Económica

Carmen Pérez

Desaceleración: más presión para la banca

En los últimos años los bancos se ha quejado sistemáticamente del daño que le hacen a la rentabilidad de sus entidades los bajos tipos de interés fijados por el Banco Central Europeo. Este argumento es fácilmente rebatible. Sólo tienen que pensar si hubieran podido sobrevivir en una economía deprimida. Les habrá supuesto costes, pero los años de fuerte crecimiento que la política monetaria ha propiciado les ha permitido recuperar la actividad crediticia, reducir la morosidad y disfrutar de valoraciones más altas de los activos financieros y reales de sus balances. Ahora la situación ha cambiado: en los próximos años tendrán que convivir con tipos incluso más bajos y además con un débil crecimiento, tanto más exiguo en función de que se materialicen los diferentes riesgos que lo amenazan. Mucha presión para sus poco lozanas cuentas de resultados.

El gobernador del Banco de España, Pablo Hernández de Cos, explicaba esta semana cómo afecta el deterioro macroeconómico a las entidades de depósito: "A la disminución del valor de algunos de sus activos se uniría una demanda de crédito menor. Además, la calidad del activo podría empeorar, dado que la capacidad de pago de sus acreditados se vería negativamente afectada. Encontrarían asimismo más dificultades para continuar desprendiéndose de sus activos improductivos". Y lo peor es que esta mala perspectiva llega a un sector en el que su rentabilidad es actualmente claramente inferior al coste del capital exigido por los accionistas. La banca española parte de una mejor situación respecto a sus homólogos europeos, pero en el primer semestre ha recortado un 11,5 % sus beneficios, signo de la creciente probabilidad de materialización de este riesgo.

También Luis de Guindos, vicepresidente del BCE, en uno de sus últimos discursos fue drástico al diagnosticar la situación actual bancaria: "El 90% de los bancos europeos presentan un ROE menor que su coste de capital, lo que explica que la cotización media se sitúe por debajo del 50% de su valor contable". Esto complica la posibilidad de captar capital propio en los mercados y que no se generen suficientes recursos propios internamente. La disminución de dividendos para reforzar el capital tampoco parece factible porque podría ahuyentar más al inversor, que mira por los rendimientos a corto plazo.

Ahora los bancos europeos son (algo) más resistentes que antes de la crisis, pero siguen siendo muy vulnerables ante un cambio en el ciclo económico. Su reto es seguir mejorando la calidad de sus balances, reducir el exceso de capacidad e incrementar la eficiencia, reduciendo costes, pero sin abandonar el cambio hacia un modelo de negocio que les permita competir en un sistema financiero en el que cada vez entran más y mayores operadores, y mucho más cercanos a los clientes. Enorme presión, por tanto, para la banca europea y, por ende, presión para todos, porque le tenemos confiados en gran medida nuestros ahorros. Y los españoles, los que más. El Banco de España publicaba esta semana la cifra: les tenemos prestados a los bancos 860.958 millones de euros, y eso sólo contando lo que mantenemos en cuentas a la vista y depósitos.

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