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Tribuna Económica

Joaquín Aurioles

Discrepancias gubernamentales (II)

Se hace difícil escribir sobre algo ajeno al coronavirus, pero la semana pasada nos comprometimos a insistir en las discrepancias gubernamentales sobre políticas económicas y debemos cumplir. Afortunadamente, no son temas incompatibles, especialmente tras el Consejo de Ministros del pasado sábado, en el que durante más de siete horas se enfrentaron, según se rumorea, dos concepciones opuestas -las de Calviño e Iglesias- sobre cómo afrontar las consecuencias económicas de la epidemia.

Recordemos, para ubicarnos, que a mediados de 2019 España consiguió cerrar en Bruselas el expediente por déficit excesivo que llevaba abierto desde 2009. Por fin, en 2018 el déficit se situó por debajo del 3% (2,5%, aunque tres décimas por encima del objetivo) que permite el pacto de estabilidad. No desaparecen con ello las exigencias de consolidación, pero se suavizan y pasan a centrarse la corrección del déficit estructural (el que no depende del ciclo) y del endeudamiento público (situarlo por debajo del 60% del PIB). Por ello, el proyecto de presupuestos para 2020 que el Gobierno presentó en enero fue inmediatamente devuelto por la Comisión alegando que las previsiones de ingresos y déficit no eran creíbles. Había que reducir en unos 8.000 millones el gasto público para que el borrador fuese admitido a evaluación, lo que suponía que los compromisos en materia de pensiones, vivienda, funcionarios, etc., podrían resultar inviables.

El estallido del coronavirus se produjo en plena negociación para suavizar la senda de corrección del déficit que exigía Bruselas. La decisión de relajar la disciplina fiscal era justo lo que se buscaba para encajar los primeros compromisos del pacto de coalición, aunque con dos inconvenientes. Por un lado, que la concesión comunitaria se refiere a medidas para luchar contra las consecuencias del virus. Esto quiere decir que se puede contratar personal sanitario, pero no subir el sueldo de los funcionarios. Por otro lado, que la relajación no significa la desaparición de los riesgos derivados de niveles de déficit y endeudamiento excesivos.

Cuando la liquidez es abundante y los costes financieros reducidos, resistirse a reducir el endeudamiento es una tentación comprensible, pero cuando desaparece la placidez y surgen las tensiones, el riesgo de retirada de los inversores, con el consiguiente aumento de la prima de riesgo, puede resultar catastrófico para un país tan endeudado como España. Hemos, por tanto, de agradecer la pronta reacción de los bancos centrales para evitar tensiones de liquidez, pero la ministra Calviño es, por su procedencia, perfectamente consciente del riesgo que supone para nuestra economía el conformismo con un nivel de deuda pública equivalente al 97% del PIB.

Se supone que si Sánchez la elevó al rango de vicepresidenta fue para no dejarse avasallar por compromisos de coalición con excesivos riesgos financieros. El coronavirus podría dar ventaja a Iglesias en el conflicto, aunque a la vista de algunos movimientos recientes (por ejemplo, la ley libertad sexual), el resultado final podría depender de los apoyos que se le ofrezcan al presidente para resolverlo.

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