Tribuna Económica

joaquín aurioles

Transición a un nuevo modelo monetario

Desde un punto de vista monetario, 2019 será un año de transición, marcado por dos efemérides: el final del programa de compra de deuda pública y corporativa (enero de este año) y el relevo de Draghi al frente del Banco Central Europeo (próximo mes de octubre). El propio Draghi sostiene que el euro es un proyecto con una fuerte carga política, por lo que el nombramiento de su próximo presidente será un claro mensaje sobre el modelo de Europa por el que se quiere apostar desde el BCE. Entre los candidatos con mayores posibilidades, la opción de "más Europa" es claramente dominante, aunque con diferencias sobre la estrategia monetaria más conveniente y sobre el papel de la institución en casos de crisis bancarias y fiscales.

Por un lado, está el retorno a la ortodoxia que representa Weidmann, el candidato alemán preferido por Merkel, defensor de la austeridad y partidario de fulminar el programa de compra de deuda pública y corporativa y los rescates de las economías con problemas. Por otro, los franceses Villeroy de Galhau y Coeure y el finlandés Liikanen, todos ellos opciones más o menos continuistas de la estrategia monetaria de Draghi. Si el nombramiento recae en alguno de estos últimos, cabe esperar que los tipos de interés se mantengan como en la actualidad, al menos hasta después del verano, tanta liquidez como se demande en lo que queda de año y nuevas iniciativas para afianzar la solvencia bancaria.

La etapa Draghi quedará marcada por los tipos de interés en cero y por su milagroso efecto sobre la recuperación de las economías mediterráneas, pero también por la feroz oposición alemana y las dificultades de los bancos para gestionar el estrechamiento del margen financiero.

Cuando Draghi llegó al BCE, en la banca alemana se vivía una etapa de cierta euforia, gracias al flujo de ahorro que llegaba desde la periferia de la Eurozona, huyendo de las primas de riesgo. La riqueza financiera de los alemanes alcanzó sus máximos históricos en plena crisis, pero existía un motivo de inquietud. Si las primas de riesgo se reducían y el ahorro periférico dejaba de llegar, la situación podría resultar explosiva. La llegada de Draghi provocó una caída inmediata de los tipos de interés y de las primas de riesgo, pero la burbuja alemana se mantuvo bajo control, gracias a que el propio BCE no dejó en ningún momento de inyectar en el sistema toda la liquidez demandada.

La banca, por su parte, tuvo que lidiar con márgenes financieros extraordinariamente estrechos debido a los bajos tipos de interés, pero la solución vino otra vez de manos de la liquidez. El programa de compra de activos y cuatro operaciones extraordinarias de financiación en condiciones muy favorables han sido las vías principales de inyección de liquidez a través de los bancos. Los españoles suscribieron 168.000 millones de euros en operaciones extraordinarias a largo plazo, que suponen casi la cuarta parte del total. Gracias a ello, y a la transformación del negocio bancario, la banca española es ahora más rentable y más eficiente que en 2014, aunque no haya conseguido todavía afianzar del todo sus condiciones de solvencia.

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