2015 Elecciones Generales

Teoría de Rajoy y los guapetes

  • El líder del PP saca brillo a su experiencia: "Al menos hay que haber sido concejal". Los populares buscan una mayoría holgada con apelaciones al voto mayor. El presidente también faltará al segundo debate entre Sánchez, Rivera e Iglesias.

MARIANO Rajoy está de gira castellana; por la mañana, el presidente visitó Olmedo, en Valladolid, y por la tarde, aunque más bien parecía de noche, Benavente, en Zamora, poca gente, mucho frío y bastantes periodistas. Abre campaña en la solitaria Ávila, que envía tres diputados al Congreso. ¿Qué hace Rajoy por estos páramos mesetarios en la campaña electoral más decisiva de nuestra reciente historia? Todo estratega de campaña divide al electorado en tres: el favorable a tu propuesta, al que hay que reforzar; el que duda, al que se debe persuadir, y el que nunca te va a votar, con el que es mejor ni intentarlo. En las Castillas -el lunes estuvo en Cuenca-, Rajoy busca asegurarse los escaños más fieles para conjurar a Ciudadanos, se trata de un voto conservador en lo vital y mayor en lo biológico, que es justo el que se sitúa en la diana del PP. Los populares saben que no tienen nada que hacer entre el electorado más joven, acarrean un gran problema a medio plazo, no hay intención de voto azul en los sondeos en los primeros tramos de edad y, por eso, van a volcarse en los mayores de 54 años. Son siete millones, y ese votante es muy proclive a los valores que el PP está vendiendo: la experiencia de Gobierno. Para esto "al menos hay que haber sido concejal", dijo Rajoy en Olmedo. De sus tres contrincantes, sólo el socialista Pedro Sánchez lo ha sido, pero en la oposición, en Madrid. Pablo Iglesias es un profesor universitario y Albert Rivera ha sido diputado en el Parlamento catalán. Rajoy, sin embargo, fue uno de los presidentes de Diputación, de Lugo, más joven de España. Eso se llama darle la vuelta a la casta.

Ningún presidente de Gobierno, a excepción de Adolfo Suárez, ha afrontado una primera reelección tan complicada. No sólo necesita ganar, sino, además, hacerlo con holgura, puesto que Pedro Sánchez intentará una alianza con Ciudadanos si la aritmética se lo permite. Y Albert Rivera hará lo mismo si queda el segundo. En estas elecciones, es casi tan importante ser primero como segundo: si Ciudadanos adelanta al PSOE, y es posible, Rivera lo intentará. Estamos, por tanto, ante un escenario en el que tres aspirantes tienen probabilidades de llegar a La Moncloa, un panorama inédito.

Pero es Rajoy, al menos en las encuestas, el que tiene la mayor probabilidad. No es nada seguro, es más, está complicado, de ahí que el presidente se haya lanzado desde hace días a una campaña integral en el que enseñará su experiencia frente a quienes su hombre en Andalucía, Juanma Moreno, llama los "guapetes".

Los guapetes son Sánchez, Iglesias y Rivera, ninguno pasa de los 45 años, son muy buenos oradores, telegénicos, modernos y saben llevar camisa blanca sin corbata. Si estas elecciones se hubieran convocado hace año y medio, Rajoy estaría fulminado frente a los aspirantes cool, dos de ellos de los partidos de la indignación, Podemos y Ciudadanos, y otro, de una formación centenaria, con muchas inercias del pasado, pero reseteada por uno de los guapos. En Jaén, Juanma Moreno alertó de lo siguiente: "Es muy fácil dejarse camelar por esos estudiados candidatos, que sólo se presentan con el perfil más guapete, con el perfil más atractivo, con la palabras precisas y permanentemente con marketing electoral".

Rajoy, que es el hombre de plasma, ha hecho concesiones, no va a debatir con los otros tres, pero se prodiga en pueblos, radios y programas de televisión. Esta noche visita la casa de Bertín Osborne, la revelación televisiva de este año; la antípoda de Jordi Évole recibe al presidente para jugar al futbolín y cocinarse una receta gallega. Los populares están afanados en argumentar por qué su presidente se ausenta de los debates con los otros tres, con los guapetes. El portavoz parlamentario del PP, Rafael Hernando, explicó que él no vio el debate del El País porque los tres "están más vistos que el tebeo", mientras que el ministro de Justicia, Rafael Catalá, en la interpretación más peregrina, llegó a acusar al periódico que lo organizó de machista por no haber aceptado la presencia de la vicepresidenta, Soraya Sáenz de Santamaría. La respuesta era evidente: se trató de un debate de candidatos a la Presidencia del Gobierno.

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