2015 Elecciones Generales

El granero del feminismo: Susana y Soraya bailan solas

HA pasado casi desapercibido, pero no será gratuito. Hablo de las urnas y de los votos que los dos partidos emergentes de moda, Ciudadanos y Podemos, se han propuesto pescar en el revuelto río socialista. El voto femenino cuenta. Y mucho. El rechazo tajante del líder de Ciudadanos a las cuotas de paridad está desatando un sentimiento de indignación y protesta entre los movimientos feministas y las corrientes de opinión más cercanas a los socialistas que nada tiene ya de soterrado. La intervención de los tres candidatos en el primer debate electoral del 20-D, el encuentro que organizó este lunes El País con la polémica ausencia de Mariano Rajoy, se movió entre vaguedades, datos confusos y contradictorios sobre la brecha salarial y, en el caso de Albert Rivera, se llegó al exceso: ¿había que decir que sobró Bibiana Aído en el Gobierno de ZP?

Podríamos compartir que el partido de moda, el que está rompiendo mes a mes las encuestas, se posicione con su nueva política contra la vieja política de cuotas y defienda el talento de la mujer para ocupar los puestos de responsabilidad. Pero siempre que predicara con el ejemplo. No es el caso. Como no lo es en el partido de Pablo Iglesias. El candidato del PSOE se lo reprochó públicamente y en las filas de las dos formaciones se es más que consciente de que, para conseguir la igualdad real, hace falta algo más que palabras.

Porque no hay ni voluntad. Basta repasar el número de mujeres que encabezan las candidaturas de Ciudadanos y Podemos en las listas provinciales del 20-D para chocar con la aplastante realidad a la que seguimos enfrentándonos las mujeres: el techo de cristal sigue siendo infranqueable. Tan férreo como compleja es la lucha contra la violencia machista y tan poco efectivo como resultan las medidas de parcheo que se siguen improvisando para reducir la brecha laboral y para convencernos de que es factible la conciliación de familia y trabajo. Y no lo es mientras, con carácter general, los hijos y la cocina se siguen conjugando en femenino.

Es un asunto sensible. El Rivera que presume de constructivo y propositivo se ha limitado en este tema a atacar a Pedro Sánchez y a insultar. En su programa electoral, de más de 300 páginas, apenas 13 hablan de igualdad. Serían suficientes si hubiera algún signo de que son más que promesas; de momento, no lo hay. Ni desde la formación naranja ni desde la morada. Unas horas antes del debate, las mujeres de Podemos debatían en el Teatro Rialto de Madrid sobre la necesidad de "feminizar" la política. Estaban la alcaldesa de Barcelona, Ada Colau, la edil de Madrid Rita Maestra o la líder de Compromís, Mónica Oltra. Recordaron que las mujeres siempre han estado en política pero las instituciones han sido históricamente gobernadas por hombres, evitaron reconocer que en su propio partido son "ellos" los que mandan y sí admitieron al menos que "a más de un compañero" habría que darle "un repasito".

De paso, hicieron campaña arremetiendo contra dirigentes del PP como Riba Barberá por "no feminizar la política" perdiéndose en el mismo tacticismo en que incurre el ministro Catalá cuando tilda de "intolerante" que El País no aceptara a la vicepresidenta para el debate electoral reivindicando un trato "igualitario" a la número 2 de Madrid.

Soraya Sáenz de Santamaría no es cuota como no lo es Susana Díaz. Y nada tiene que ver con que sus partidos defiendan e impongan o no la paridad. No son floreros. La presidenta de la Junta bailó sola en las elecciones autonómicas y la vicepresidenta lo está haciendo en las generales. Las dos se han sabido legitimar a diario por lo que son y por lo que hacen. Y, ojo, que no son brujas ni están "masculinizando" la política por imponerse y mandar. No confundamos los debates ni contribuyamos nosotras al despiste.

Porque no es de "discriminación" de lo que hablamos cuando el candidato del PP se esconde de los debates y deja el atril vacío o se protege bajo el perfil mediático de su número 2. Es estrategia electoral. Podemos cuestionar si es legítimo o criticable, pero sería iluso y hasta irresponsable no admitir que está tan perfectamente calculado como están los mensajes que lanzan estos días todos los partidos.

En el debate en Antena 3 del próximo lunes, Sáenz de Santamaría se enfrentará a Sánchez, Rivera e Iglesias y no ganará o perderá por ser mujer. Al menos no debería. Otra cuestión bien distinta es preguntarnos, desde los partidos de siempre y desde los emergentes, desde la propia sociedad, por qué ella baila sola. Por qué hay tan pocas mujeres bailando solas en las altas instancias del poder.

¿Las cuotas no son el camino? Bien. Pero no hagamos demagogia y busquemos alternativas reales. Viables. Lo viejo y lo nuevo no se mide con eslóganes.

trillo

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