Andrés Barbosa. Biólogo "En la Antártida se evidencia claramente el cambio climático"

El profesor Barbosa, en el XXIV Congreso Español y VII Ibérico de Ornitología, celebrado en Cádiz. El profesor Barbosa, en el XXIV Congreso Español y VII Ibérico de Ornitología, celebrado en Cádiz.

El profesor Barbosa, en el XXIV Congreso Español y VII Ibérico de Ornitología, celebrado en Cádiz. / M. G.

Cuando estudiaba Biología en la Complutense de Madrid, no tenía idea de que terminaría haciendo trabajo de campo en la Antártida ni de que su labor lo convertiría en una referencia mundial en el estudio de los pingüinos. Justo antes de la campaña de este año, Andrés Barbosa acudió al XXIV Congreso Español y VII Ibérico de Ornitología -organizado en Cádiz por SEO/BirdLife- para hablar de los pingüinos como indicadores del cambio climático. Gestor del programa Polar, en la actualidad su línea de investigación se centra en la ecología de los organismo de ambientes extremos y los efectos en ellos del cambio global.

-¿Cómo surgió su primer viaje a la Antártida? ¿Sabía que iba a ser el principio de una gran amistad?

-Pues precisamente este año se cumplen 25 años de esa primera vez que fue, por supuesto, por completa casualidad. Recién acabada la tesis -que iba sobre las aves del delta del Ebro-, surgió la oportunidad de estudiar a los pingüinos, cuando empezó a andar el Centro de Investigación de la Antártida, que después se transformaría en el Comité Polar Español. Lo cierto es que desde pequeño he sido un enamorado de la montaña, y también he tenido contacto con el mar porque mi familia es de Cádiz, de Jerez... Pensé que sería estupendo unir ambas cosas pero, hasta ese momento, ni siquiera se me había ocurrido que nadie pudiera ir jamás a la Antártida como rutina.

-Pues, precisamente, hay bastante gente que la visita. 40.000 turistas exactamente, cada año. ¿Cuál es su postura al respecto?

-Estar en la Antártida es como ser protagonista de un documental increíble, que hacen sólo para ti: ese gran privilegio de ver a los animales de cerca, sin importunarlos. Es natural que todo el mundo quiera atisbar un poco de esa experiencia. Es una cuestión complicada: la organización que se encarga de estos viajes turísticos es miembro del Tratado Antártico, y es muy severa con cuestiones como la introducción de microorganismo etc. Pero es cierto que el turismo ejerce un enorme efecto sobre la fauna y el lugar en el que están, igual que nosotros, los científicos. Según lo que hemos comprobado, las colonias de pingüinos de las zonas "turísticas" tienen mayor presencia de contaminantes y alteraciones por estrés. Aun así, con un énfasis en los niveles de protección y una regulación muy estricta, puede ser compatible.

-Su intervención en el Congreso de Ornitología es sobre los pingüinos como punta del iceberg del cambio climático.

-La Antártida tiene una importancia tremenda en los factores climáticos del planeta: dependemos muchísimo de lo que ocurre ahí, cualquier variación ha de hacer que estemos atentos. En nuestro campo de estudio, nosotros hemos visto que en los últimos años hay algunas especies de pingüino que prosperan y otras, en declive: hechos que entroncarían con el cambio climático.

-Las especies más dependientes del hielo lo tendrán peor, imagino.

-Las colonias de pingüinos de Adelia y de pingüinos barbijos, que se alimentan básicamente del kril que encuentran en el hielo no tienen buenas expectativas. Sin embargo, la población de pingüinos papúas está creciendo. Las zonas de mayor producción, por ejemplo, se están moviendo hacia el sur. También sabemos que, en otros periodos cálidos del continente, los animales han sido capaces de cambiar de dieta: esa adaptación sería fundamental. En todo este proceso, quienes probablemente lo pasan peor son los juveniles, que no encuentran suficiente alimento. Hay otra especie, el famoso pingüino emperador - que es el pingüino que imaginamos al hablar de pingüinos- que habita zonas muy remotas y del que sabemos muy poco, que puede pasarlo mal.

-¿Volverá este año, en qué está trabajando?

-Pues, precisamente, salimos ya en dos semanas: la idea es estar de vuelta para Navidad, porque ya he pasado muchas navidades fuera... Va a ser una campaña extraña en el sentido de que no iremos a una base española, sino uruguaya. En principio, la idea es terminar el proyecto sobre incidencia del turismo en la colonia de pingüinos de Adelia de la zona del aeropuerto.-"En principio", porque la Antártida es lo que sucede mientras tienes otros planes.

-Tienes que encontrar el equilibrio entre no dejar nada a la improvisación y tener una mente abierta. Claro que siempre encuentras cosas que hacer, pero las variables son muchas. Por ejemplo, en la campaña de 2009, que fue en una base argentina, llegamos tras una serie de años de nevadas intensas y tardías: el 80% de la puesta fracasaba, así que casi tuvimos que cambiar la idea por completo. Frente a lo adverso del clima y la logística, lo bueno que tienen los pingüinos es que te topas con un gran número en espacios bastante acotados, lo que te da tamaños de muestras suficientes para obtener unos resultados rigurosos. Y tienen también la ventaja de ser una especie de muy fácil manejo y bastante resistente.

-¿Cree que el continente seguirá manteniéndose como santuario? No nos tengo mucha fe.

-Yo creo que sí. El tratado internacional que rige la Antártida es modélico dentro de la geopolítica. Según el protocolo de Madrid, hay una moratoria de 50 años respecto a explotación minera, por ejemplo. Sería muy difícil que el Tratado Antártico variase porque todas las decisiones son por consenso. El cambio climático está avanzando y la Antártida es, junto al Ártico, uno de los lugares en el planeta donde resulta más evidente: a nivel de aumento de temperatura, las alteraciones ya son a una rapidez igual e incluso superior a las previsiones del acuerdo de París; en algunos lugares, ya van por los dos grados.

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