fútbol Xerez Deportivo FC 0-3 Córdoba B | Guadalcacín 2-3 Algeciras

Néstor F. Marqués, arqueólogo y divulgador

"Los antiguos romanos ya se echaban la siesta"

"Los antiguos romanos ya se echaban la siesta" "Los antiguos romanos ya se echaban  la siesta"

"Los antiguos romanos ya se echaban la siesta" / m. g.

Comentarios 2

-Tiene más de 90.000 seguidores en Twitter en una cuenta dedicada a divulgar la historia de la Antigua Roma ¿Eso cómo se explica?

-Tengo mucha suerte porque muchos seguidores están muy involucrados. Lo he notado en los últimos dos años, pero me llamó mucho la atención el hilo que hice en Semana Santa sobre la figura de Jesús y las diferencias entre el Jesús histórico y el bíblico. Durante ese día me llegaron más de 3.000 preguntas. Ahí me di cuenta de la curiosidad de la gente.

El pulgar hacia abajo para pedir la muerte en el anfiteatro no existía en Roma. Lo inventó un pintor en el XIX"

-¿Se conoce la herencia romana en la sociedad?

-Hay un poco de todo, pero hay muchas ganas de saber. Hay conocimiento, pero hay muchos mitos que vienen de Hollywood y de mucho antes. En el Renacimiento se crearon muchos mitos sobre el mundo romano. Es llamativo el caso de un pintor historicista del siglo XIX, Jean-Léon Gérôme. En su cuadro Pollice Verso aparece una escena en el Anfiteatro Flavio [el Coliseo] donde aparece el famoso gesto con el pulgar hacia abajo para pedir muerte. Sin él saberlo generó uno de los mitos más extendidos del mundo romano. El pulgar hacia abajo no existía. Eso luego Hollywood lo cogió y ahí se ha quedado. Yo siempre lucho por acabar con estos mitos y cuando la gente se da cuenta es muy gratificante.

-¿Algún otro ejemplo?

-Hay un visión muy negativadel emperador Domiciano, que aparece en las novelas de Santiago Posteguillo. Se nos muestra como el tirano más horrible de la historia. Él se basa en Suetonio, es decir, en propaganda. Si Suetonio dice que Domiciano fue un señor terrible, es lo que se trasmite. Sin embargo, la historia nos cuenta que hizo grandes cosas por Roma, partiendo de la base de que los emperadores fueron todos dictadores. El caso de la emperatriz Livia, la mujer de Augusto, es similar. La recordamos de Yo Claudio, donde aparece como una mujer malísima, una envenenadora que va matando a todos los que se ponen en su camino.

-¿Cuál era la realidad?

-Los investigadores están tratando de restaurar su memoria, porque Livia fue una gran emperatriz que gobernaba con Augusto. Su marido tenía siempre a Livia para consultarle en los asuntos de estado.

-La imagen que tenemos de la mujer en Roma es la de la familia del emperador, siempre intrigando. ¿Qué hay de cierto en eso?

-Siempre vamos a conocer mejor a la familia imperial, pero hay muchísimas otras mujeres de las que no sabemos nada. La mujer tuvo un papel de ama de casa, de cuidadora de la familia, pero es cierto que en las familias humildes la mujer trabajaba fuera de casa tanto como el hombre o más. Eso no estaba bien visto a mediados del siglo XX. Es un aspecto bastante moderno.

-¿Cómo eran las relaciones entre marido y mujer?

-Había un tipo de matrimonio que era tremendamente restrictivo. El padre le entregaba a la mujer a su marido como una propiedad más, pero al final de la República hasta los propios romanos lo veían anticuado. Había matrimonios más paritarios, aunque en los divorcios los maridos solían quedarse con los hijos. También había parejas que no se casaban, sólo convivían, que eso es un concepto también bastante moderno. Roma es una contradicción continua. Tiene cosas muy modernas y otras muy tradicionales.

-¿Hay costumbres que sigan hoy vigentes?

-Muchas. Los romanos ya se echaban la siesta. Suetonio cuenta que Augusto, nada más terminar de comer, se echaba unos minutitos. No se quitaba ni los zapatos, dicen las fuentes clásicas, se tapaba los ojos con una mano y se echaba en un diván. La palabra siesta viene de la hora sexta, cuando se hacía este sueño de mediodía.

-¿A nivel religioso ocurre algo similar?

-En Andalucía es muy común que haya pequeños altares en las esquinas. Eso viene de Roma. Es lo que nos queda de la fiesta de las compitalia. Los lares compitales eran los dioses protectores de los cruces, como los dioses protectores del barrio. Se colocaban pequeños altares en las esquinas y se les hacían ofrendas. Esto pasa mucho en el sur de España y en el sur de Italia.

-¿Era muy distinta la forma de vida en la capital y en la Hispania romana?

-Desde la conquista, en las zonas costeras y Andalucía, hablaban latín y tenían las mismas costumbres. Se hacía todo a imagen y semejanza de Roma, pero muy provincial. Sin embargo, cuando llega el imperio, en los siglos I y II, hay ciudades que rivalizan en lujo y bienestar. Me refiero a Itálica, donde nació Trajano, o Tarraco, que llegó a ser capital durante dos años cuando Augusto estuvo allí durante las Guerras Astur-cántabras

-¿Cómo llega Trajano, que nació en la actual Santiponce, a gobernar Roma?

-Cuando murió Domiciano, en el Senado había un grupo de senadores con ascendencia de la Bética y presionaron para que Trajano llegue al trono. Era un imperio regido por dinastías de sucesión familiar y un militar brillante, Marco Ulpio Trajano, se convirtió en uno de los emperadores más importantes.

-¿Qué herencia dejó?

-Una expansión tremenda de las fronteras y obras arquitectónicas como la reconstrucción del Foro de César y los mercados, que eran un centro comercial al uso en el centro de Roma. Luego vino Adriano, nacido también en Itálica, que fue una antítesis de Trajano.

-¿En qué sentido?

-Era opuesto. No le interesaba nada la guerra, pero culturalmente enriqueció muchísimo a Roma con muchas influencias griegas.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios