Entrevistas

"La historia no se basa en la memoria, ni la memoria es histórica"

-Su español es muy bueno.

-Vine a España por primera vez hace cincuenta años, en el otoño de 1958, con una beca de investigación. Entonces era otro país, con una sociedad mucho más formal y religiosa, que desapareció diez años más tarde.

-¿Llegó a conocer a Franco?

-Nunca llegué a conocerlo personalmente. En los primeros años no tenía categoría suficiente. Más adelante hubiera podido hacerlo, pero no me apetecía participar en los ritos sociales del régimen. ¡Hubiera tenido que alquilar un traje!

-¿No se arrepiente?

-Ahora pienso que fue un error, pero era mi punto de vista en aquel momento. Aun así, en mis investigaciones sobre Falange tuve contacto con personalidades como el ministro José Luis de Arrese y el ex ministro Fernández Cuesta.

-¿Y cómo se acerca ahora al personaje?

-A través de varias fuentes. La investigación exhaustiva del archivo de la Fundación Franco nos ha ayudado a entender su diplomacia durante la II Guerra Mundial y sus relaciones posteriores con sectores políticos españoles.

-¿Qué aporta el testimonio de su hija?

-Con el testimonio de Carmen Franco hemos aprendido cosas directas muy interesantes. Nos da dimensiones mucho más amplias de la figura del dictador como individuo y padre de familia.

-¿Cómo lo retrata ella?

-Confirma que su padre era un hombre muy austero y lo tacha incluso de frío en su trato con la gente.

-Lo cual no es nada nuevo…

-Pero al mismo tiempo nos ha revelado que era un padre afectuoso y cariñoso, muy benévolo con ellos. Franco cambió bastante con la Guerra Civil en su modo de comportarse a nivel social e individual.

-¿Se endureció?

-Antes de la guerra era más parlanchín y espontáneo, e incluso a veces un poco divertido. Diversos miembros de su familia coinciden en que se convirtió en un personaje francamente aburrido y muy distante.

-¿Qué más han averiguado?

-Por ejemplo, que Franco esperaba ganar mucho de su encuentro con Hitler en Hendaya. Pero, por otra parte, tenía el temor de que Hitler le secuestrara, como le pasó a Carlos IV con Napoleón más de un siglo antes.

-Luego no era tan implacable.

-A pesar de presentar una cara y una actitud implacables de cara a la Guerra Civil, en su fuero interno estaba horrorizado. Al final le confesó a su esposa que si hubiera sabido el sufrimiento que iba a causar no se habría metido en ella.

-Garzón ha querido juzgarlo.

-Eso ha sido una pura aberración jurídica. ¡Pretender juzgar a un muerto! Es un procedimiento ilegal, que viola la propia legislación del Estado de derecho democrático.

-¿Cuál fue el alcance de la represión?

-Los tribunales militares dictaron unas 50.000 penas de muerte durante los tres o cuatro primeros años después de la Guerra Civil.

-¿Y todas fueron ejecutadas?

-Responder a eso es más difícil, porque hubo muchas conmutaciones por parte de Franco. Parece que hubo como 30.000 ejecuciones, aunque el cálculo es algo vago.

-¿Aprueba la exhumación de las fosas?

-Es un trabajo necesario de la arqueología histórica, que tiene que hacerse porque es justo dar una sepultura digna a todo el mundo. Otra cosa es la Ley de Memoria Histórica.

-¿No la comparte?

-Es que no se puede legislar la historia, porque no es obra de gobiernos ni de políticos. ¡Hay que dejar hacer su trabajo a los profesionales! Y en cuanto al movimiento de memoria histórica, la formulación de la idea es confusa en sí misma.

-¿Por qué?

-Porque la historia no se basa en la memoria y la memoria no es histórica. La memoria es individual y subjetiva, mientras que la historia se basa en fuentes objetivas, datos y documentos.

-¿Falta neutralidad en el enfoque?

-No veo neutralidad, sino una intencionalidad política patente en el lenguaje. Hay un intento de falsificar la historia representando a revolucionarios violentos y asesinos como defensores de la democracia.

-¿Aún no hemos conjurado nuestros fantasmas?

-Creíamos que los fantasmas de la guerra se habían conjurado durante los años 80 y 90, pero hoy vemos que no es totalmente así. Hay un espíritu de partidismo y revanchismo lamentables.

-¿Aún existen las dos Españas?

-No como lo reflejó Machado. Existe una España de minorías que quiere utilizar la historia como instrumento político. Pero eso es otra cosa…

-¿Hasta cuándo nos traumatizará la guerra?

-Puede que la influencia de la Guerra Civil dure un siglo, porque este tipo de enfrentamientos tienen mucho calado. Las guerras civiles en el siglo XX fueron luchas revolucionarias; es decir, luchas entre dos conceptos de la civilización.

-¿De qué lado hay más complejos?

-Hay un complejo de superlegitimidad por parte de la izquierda, mientras que la derecha intenta esquivar las cosas y se niega a asumir más directamente los hechos históricos.

-¿La crisis ahondará la crispación?

-Creo que más bien tendrá un efecto diversificador y llevará a enfocar la atención en cosas más inmediatas, como el desempleo. El debate sobre la Memoria Histórica no tiene la menor importancia para el hombre de la calle.

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