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Ignacio Ayuso | Director técnico de Dokhand "Dormir bien es más barato que hacer deporte"

Ignacio Ayuso. Ignacio Ayuso.

Ignacio Ayuso.

Ignacio Ayuso tiene 58 años. De joven era un mal estudiante y no fue a la Universidad. No por ello no siguió evolucionando y hoy tiene un trabajo que exige muchos y variados conocimientos. “Soy un fan de la formación continua”. Desde la firma Dokhand ayuda a divulgar la cultura del sueño. Para llegar a cada meta, sus patentes, profundiza en retos técnicos con gran perseverancia. En breve llegará al mercado un colchón que lleva en su interior un ventilador con seis niveles de potencia que se maneja con un mando a distancia.

–En estos tiempos del coronavirus, hay razones que quitan el sueño... Pero muchas veces es simplemente el colchón, ¿no?

–Si tenemos calor, estamos incomodos o el colchón nos causa dolor, dormimos mal. Nuestra meta ha sido crear un colchón que solucione esos problemas.

–Explíquenos.

–Un ejemplo: el pie cavo se caracteriza porque tiene la bóveda muy marcada. En consecuencia, el peso se distribuye mal y se genera dolor, pero no sólo en el pie, sino que se crea una alteración biomecánica que hace que duela también el tobillo, la pierna, la cintura o incluso en la espalda. El problema se soluciona con una plantilla ortopédica con la forma y tamaño adecuados. En el colchón sucede lo mismo. El regulador biomecánico es como una gran plantilla regulable.

–Se decía que los colchones duros eran los mejores para el dolor de espalda... ¿es un mito?

–El primer estudio científico sobre la firmeza lo dirigió el español Francisco Kovacs. Demostró que los colchones de firmeza media son mucho mejores que los más firmes. Hoy se sabe que la firmeza no es la única característica del colchón que influye en estos dolores. Averiguar las causas del dolor provocado por el colchón es un problema que los investigadores han resuelto. Y gracias a esas investigaciones, nació y creció el regulador biomecánico.

–¿Lo ideal sería diseñar un colchón para cada uno?

–Efectivamente. Empezamos con esa idea y se puede avanzar aún más. Por un lado debemos diseñar y crear productos duraderos, que respeten el medio ambiente y el bolsillo de nuestro cliente. Y por otra parte muy adaptables, para que se amolden a cambios futuros. Siempre que pienso en esto, imagino como debe ser un colchón para una mujer que más adelante tendrá un hijo y luego volverá a su ser. Imagino sus cambios y busco soluciones para cada etapa.

–¿Qué nos recomienda para cada edad?

–Para un niño, casi cualquier colchón vale, lo principal es que éste sea adaptable y mantenerlo limpio. A medida que nos hacemos mayores, lo necesitamos mejor. Si dormimos con pareja y hay mucha diferencia de peso, deberemos elegir un modelo con mitades diferentes. Y luego, hay colchones específicos para personas con dolencias,   alérgicos al polvo...

–¿Hay tallas de colchón?

–La esencia de un colchón anatómico es que tenga zonas más blandas para hombros y caderas, pero claro, esa distancia varía en cada persona. Por eso creamos el primer sistema de tallas estandarizadas junto con el Instituto de Biomecánica de Valencia. Hemos evolucionado y ahora  son multitalla.

–¿Cama individual mejor que cama doble?

–Los médicos dicen que dormir con otra persona es bueno para cuerpo y alma. Hay que fomentarlo. Lo que los fabricantes debemos lograr es que la cama sea confortable para ambos. El primer consejo es procurar que la cama sea amplia, al menos de 150 centímetros de ancho. Y lechos con regulación independiente en cada lado.

–Luego están los ronquidos...

–Otro gran problema, pero ya hay almohadas y férulas muy eficaces.

–Si hay una relación clara entre el colchón y el dolor, ¿por qué la industrria no lo tenido en cuenta antes?

–En los años 50 del siglo pasado ya hubo médicos que diseñaron colchones anatómicos para combatir el dolor lumbar matutino. Después ha habido bastante investigación y hay suficiente evidencia científica que explica las causas de estos dolores. ¿Por qué no lo ha utilizado la industria? No lo sé. Un investigador me dijo una vez, que a la industria le sale más rentable el márketing.

–¿Cuánto tiempo han empleado en investigar hasta encontrar la solución que han patentado?

–En 2016 mi socio me convenció para montar la empresa. Le puse como condición investigar a fondo el mercado. Internet lo pone fáci. Pensamos que si lográbamos  un colchón que resolviese las más frecuentes, calor, dolor, movimientos de la pareja y alergia, triunfaríamos. Y la investigación ha dado lugar a cinco patentes. Han sido sólo cinco años, pero maratonianos, de trabajar muchas veces los siete días de la semana. He dedicado tiempo a este proyecto incluso durmiendo, pues probaba cada cambio.

–¿Quién les ha asesorado?

–Prácticamente toda la investigación médica mundial está publicada y es de libre acceso. Ésa ha sido nuestra base de trabajo. Para resolver los inconvenientes que han aparecido, hemos preguntado a universidades, centros de investigación y empresas. Por ejemplo, el higienizador nació de ideas que nos dio la Universidad de Stanford, un ingeniero textil argentino y técnicos de varias empresas españolas y extranjeras. Los  profesionales de la sanidad al principio recelaban, pero cuando han visto que el trabajo es serio  nos han ayudado. Por ejemplo, el doctor Eduard Estivill y el doctor Francisco Kovacs y muchos más. Sin ellos esto no habría sido posible.

–A veces el peor enemigo para conciliar el sueño es el calor. ¿Es posible un colchón acondicionado?

–El calor es la causa de mal dormir que afecta a más gente. Ahora presentamos el sistema brisa, unos ventiladores en el marco del colchón, que crean una corriente de aire, que ventila el colchón de dentro a fuera. Se refresca la parte de la piel en contacto con el colchón y se duerme bien aunque haga calor.

–¿Dormir correctamente es muy caro?

–La Academia Estadounidense de Medicina del Sueño dice que dormir bien tiene tantas ventajas de salud como llevar una dieta equilibrada o hacer deporte. Un colchón para dos personas, de 150 x 200 con regulador biomecánico y sistema brisa vale 1.760 euros. Teniendo en cuenta que la vida recomendable de un colchón son 10 años, y que el año pasado cada español se gastó una media de 123 euros en deporte, se puede afirmar que dormir bien es más barato que hacer deporte.

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