Javier Díaz Castro | Profesor de Farmacia en la UGR "Los 'millennials' se frustran con facilidad"

"Los 'millennials' se frustran con facilidad" "Los 'millennials' se frustran con facilidad"

"Los 'millennials' se frustran con facilidad" / antonio pizarro

Javier Díaz Castro (Granada, 1980) cuenta con una legión de seguidores entre su alumnado. Sus instrucciones para afrontar un examen y, sobre todo, qué hacer después se convirtieron en un fenómeno viral después de que una estudiante las difundiera a través de las redes sociales. Pide reír y aprender de los errores. El poco tiempo libre que tiene -es capaz de encajar tutorías en fin de semana y fiestas de guardar- lo dedica a leer y practicar deporte. Es profesor del Departamento Fisiología Celular y Humana de la Universidad de Granada.

-¿Qué hace falta para ser buen profesor?

-No pretendo decir a nadie qué tiene que hacer. Pero mi experiencia, a mí, me ha funcionado. La Universidad tiene alumnos que son nativos digitales. La información está en la red. Debemos utilizar la clase magistral para focalizar el interés en la materia. Utilizar la inteligencia emocional. Que el alumno se emocione en el aula y vea que es un actor principal del proceso de aprendizaje. Hay que centrarse en el interés del alumno. No me propongo que todos saquen buenas notas, sino que todos disfruten.

-Habla de las emociones de los alumnos. Yo recuerdo angustia, estrés, ansiedad...

-Por supuesto. Cuando llegan los exámenes les recuerdo lo perjudicial que es el cortisol. Bloquea el proceso de aprendizaje y de memoria. Tenemos que saber interpretar las emociones de cada uno. Se ve en sus caras.

-¿Eso no es sobreprotegerlos?

-Es sacar lo mejor de cada uno. Debemos sacar egresados que tienen que enfrentarse a un mercado laboral duro. Aquí debemos saber guiarlos. Nadie les ha enseñado a lidiar con sus emociones. Sabemos que los millennials son gente que se frustra con facilidad porque están acostumbrados a tenerlo todo. Dialogamos, no los sobreprotejo.

-¿Le confiesan si se han equivocado?

-Si creas un entorno en el que ellos se encuentren cómodos te dicen por qué han fallado. Llegas a un acuerdo y saben en qué tienen que mejorar. La idea es que sepan dónde está el fallo y gestionen esa frustración.

-Sus consejos sobre cómo afrontar un examen se hicieron muy populares gracias a las redes sociales. ¿Usted se los aplicaba cuando era estudiante?

-Tenía mucha ansiedad. Estudiaba muchísimo. En el grado no tenía vida. Muchas veces un respiro, tomar un café, ayuda a que tus circuitos neuronales rindan más. El cerebro es un músculo más. A mí nadie me lo dijo.

-¿Tuvo buenos profesores?

-Sí, sí, sí. Tuve buenísimos. También tuve profesores que fueron nefastos.

-¿De dónde nace la mala fama del profesor universitario?

-Tenemos una doble obligación, la investigación y la docencia. Hay quien se dedica más a lo primero y deja la docencia en un segundo plano. Nunca se nos debe olvidar que nuestro primer encargo es la docencia. Burocracia, sobrecarga en los proyectos de investigación... hace que se llegue a la docencia cansado.

-¿Usted usa power point?

-Sí, como una herramienta. Muchas veces con una diapositiva me tiro 40 minutos hablando. No lo uso como fuente de texto. Es un apoyo muy bueno a la docencia.

-¿Cómo se le dice a un estudiante de 18 ó 20 años, recién llegado a la universidad que no tenga prisa?

-Les digo que los grados son carreras de fondo. No todos aprenden al mismo ritmo. Cada uno tiene sus condicionantes y procuro calmarlos. Cuando llegan los primeros cursos son asignaturas áridas y muchos se llevan un chasco. Puedo ver su progresión. Al principio un suspenso es un mundo y luego se relativiza.

-¿Hay miedo al fracaso en la universidad?

-Muchos sufren presiones familiares. Vienen a clase, estudian y el resultado no es el esperado. A veces les tengo que explicar a los padres que la asignatura es difícil y tienen que repetir. Es una cuestión de empatía con la persona.

-Habla de empatía, ¿es posible tal y como están estructurados los grados?

-Sería muchísimo más fácil con grupos de 30 ó 40 estudiantes. ¿Cómo lo hago? Adapto mis horarios y tengo tutorías los fines de semana o festivos... Entiendo que nos debemos a ellos. Es muy difícil. Hacer actividades individualizadas con una clase de 80 personas es muy complicado pero se intenta. No sé si va a mejorar. Como estamos es como estamos.

-Cuando cuenta a un compañero sus tutorías en domingo... ¿qué le dicen?

-Hay de todo (risas). Unos que estoy loco, otros que está bien... No me considero referente. A mí me funciona. Me funciona en el momento en el que recibo correos de padres o abuelos que me dicen que sus hijos o nietos habían pensado en dejar la carrera y han seguido...

-¿Se siente diferente?

-Hay mucha gente a la que le gusta la docencia. Me llena de una manera que, no sé... la docencia es un premio.

-¿Sería necesario un MIR para docentes universitarios?

-Sería controvertido. Puedes ser docente siendo un excelente investigador... no sé si un proceso formativo sería necesario. Eso es cuestión que debe tratarse en otro terreno.

-¿Sirve la vocación?

-Muchísimo. El 90% de las habilidades se desarrollan mejor si hay vocación.

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