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Andrés Váquez de Sola | Caricaturista y pintor “Muchos olvidan que, en el mejor de los casos, ellos también serán viejos”

Vázquez de Sola, en su casa de Monachil. Vázquez de Sola, en su casa de Monachil.

Vázquez de Sola, en su casa de Monachil. / MG

Andrés Vázquez de Sola tiene 93 años y sigue dibujando viñetas todos los días. Ahora, durante la crisis del coronavirus, ha intensificado su labor creadora. Nació en San Roque y estudió en el Colegio Sacromonte de Granada. Su familia era acomodada, de derechas, pero él salió de izquierdas. Durante el franquismo vivió en París, donde trabajó en ‘Canard Enchainé’, ‘Le Monde Diplomatique’, y ‘L´Humanité’. En España, ‘El Mundo’, ‘El Independiente’ e ‘Interviú’, entre otros, han publicado sus viñetas. En 1984 recibió la Medalla de Oro de Andalucía.

–¿Me imagino que usted está de acuerdo con esa teoría que dice que en los peores tiempos es cuando más necesario es el humor?

–No solo necesario, sino imprescindible. En cualquier circunstancia debemos reírnos de todo. Pero mirándonos al espejo.

–Veo que usted no para. Con 93 años y todos los días dibuja dos o tres viñetas humorísticas sobre el coronavirus que reparte por la red. Al menos es elogiable lo que hace.

–El mérito no es mío, es de quienes se ridiculizan cada día haciendo declaraciones mendaces, absurdas y groseras contra el Gobierno. O glosando el papel preponderante de los mandos militares y policíacos en el esfuerzo terapéutico. Esto es una pandemia y quienes más tienen que decir son los epidemiólogos y los médicos en general, no los políticos ni los militares.

–Por lo que veo ni la vejez le ha restado espíritu crítico.

–Mire, he hecho todo lo posible por no venderme nunca y eso me ha acarreado muchos problemas. Pero yo siempre digo que trabajo para ser odiado por la gente odiosa y amado por la gente amable.

–¿Cómo está pasando usted el confinamiento?

–En una inesperada feliz segunda luna de miel con mi esposa Angélica. ¡Al fin solos!

–Tiene usted en su esposa una buena aliada.

–Ella me organiza y me ayuda a llevar a cabo mi trabajo.

–¿Está usted en Monachil en donde se instaló o en San Roque en donde nació?

–Sigo, confinado y confiado, en Monachil, rodeado de amigos que me alegran con sus llamadas y sus mensajes. Y con mi esposa, que me da vida.

–Usted es un republicano reconocido… ¿qué le parece que este virus tenga corona?

–Lo grave no es que el virus tenga corona, sino que la corona tenga virus.

–Dado que este virus se ceba con la tercera edad… ¿ha sentido miedo usted en algún momento de esta crisis por creer que está infectado?

–El coronavirus es terrorífico, pero lo que menos infecta es el virus. Se lo digo yo.

–Dicen que hay una crisis personal cuando cumples cuarenta o cincuenta años. ¿Cómo se siente cuando se cumplen 93 años?

–Sinceramente, no lo sé: no los cumplo hasta julio. Cuando los cumpla me llama y se lo digo. Jajajajaja.

–Quién o quiénes más se merecen ser caricaturizados en esta sociedad?

–La caricatura, a mi entender, es un homenaje. Si te refieres a ridiculizar, cada cual se ridiculiza a sí mismo.

–¿Piensa a menudo en la muerte?

–La muerte no existe: es una noche prolongada. Lo que existe realmente es la vida.

–¿Qué merece la pena guardar en la vida?

–Las ansias de vivir hasta el último suspiro y el deseo de comprender a los demás.

–¿Y de qué hay que desprenderse?

–De egoísmos exclusivistas y de prejuicios aberrantes.

–¿Cómo ve lo que ha pasado en las residencias de ancianos, donde ha habido una gran mortalidad por lo del coronavirus?

–Ello es debido a la inconsciencia de quienes olvidan que un día, en el mejor de los casos, ellos también serán viejos. Eso, unido al hecho de confiar en determinadas empresas privadas, que actúan como meras depositarias de seres humanos.

–-Usted fue niño de la guerra. Quiero decir que usted ha vivido épocas en las que el mundo no era normal. ¿Cómo es esta época?

–Todos hemos vivido y vivimos esas épocas que no cesan, únicamente que ahora lo percibimos porque nos concierne directam

–Usted ha vivido en Francia y ha andado mucho por el mundo. ¿Cómo ve que haya países de la UE que sean reacios a ayudar a España e Italia en esta crisis?

–Es resultado de la política global, que ha repartido los papeles que debe jugar cada país: para enriquecer más a los ricos hay que seguir empobreciendo a los pobres. Ni España ni Italia necesitan ayuda, sino rebeldía e independencia.

–¿Cree usted en la Europa unida?

–Por supuesto: Unida solo a los intereses capitalistas…

–Tengo entendido que iban a crear en su pueblo una Fundación que iba a llevar su nombre. ¿Cómo va ese proyecto?

–Lo que hubiera podido ser mi Fundación me la echaron por tierra en aquel entonces unos mal llamados socialistas. Esto de ahora sería un museo que recogería mi obra y del que no tengo la menor idea desde hace ya algún tiempo. Mucho me temo, siga el mismo camino… Los museos no dan votos. Me moriré y no se habrá inaugurado.

–¿Qué es lo primero qué va a hacer cuando acabe el estado de alarma?

–Salir a pasear en una cajita de pino.

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