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Manuela Battaglini | Abogada experta en la ética de los datos y CEO de Transparent Internet “No queremos un estado de vigilancia permanente”

Manuela Battaglini Manuela Battaglini

Manuela Battaglini / MG

En los primeros compases de esta pandemia, la abogada canaria Manuela Battaglini, junto a 60 académicos y expertos en derecho y privacidad, remitió una carta a Pedro Sánchez alertando de los límites que debe tener la recopilación, conservación y uso de datos personales durante esta crisis. Como CEO de Transparent Internet, sus esfuerzos están encaminados a asesorar a organizaciones que utilizan algoritmos en su toma de decisiones a ser transparentes y honestos con los datos del usuario.

–Twitter España anunció hace unos días que pedirá que se elimine "contenido que niegue las recomendaciones de las autoridades sanitarias, que anime a tratamientos nocivos", ¿se está posicionando a favor del Gobierno?

–No es el primer escrito de Twitter en contra de las fake news. De hecho, lleva una guerra declarada a las noticias falsas desde hace mucho como estrategia para posicionarse por encima de Facebook, tan polémica desde las campañas políticas cuando dijo que no iba a eliminar ningún tipo de bulo. Expresarnos libremente es un derecho que todos tenemos, ahora bien, hay una fina línea. En este caso, lo que nos estamos jugando es nuestra salud, la salud de aquellos que se crean determinadas noticias. ¿Está bien o está mal? No lo sé.

–El Gobierno reculó sobre la salida de los niños, en parte, por la presión de las redes, ¿están los ‘Trending Topics’ sobrevalorados?

–Depende de lo que se hable. El Trending Topic (TT) como concepto está sobrevalorado, lo que importa es el contenido. En este caso el efecto que ha producido es un cambio de decisión positivo. Hay veces que los TT llegan a una audiencia irrelevante.

–¿Qué gana un partido, una institución, una marca comprando ‘bots’?

–Para algunas empresas o partidos políticos forma parte de su campaña de comunicación precisamente para poder desvirtuar la opinión de ciertas personas. Tiene que ver con el efecto psicológico que produce pertenecer a una cámara de eco donde o piensas como yo o eres expulsado de manera violenta. Cuando hay un insulto muy grave en las redes, no se produce la indignación moral (moral outrage en inglés). En cambio si vemos cómo un señor insulta gravemente a otro en medio de la calle, más de una persona se volvería para recriminar la actuación. Es complicado luchar contra esto.

–¿Qué aplicación recomienda para las videollamadas: Zoom, Skype?

–Ninguna, usaría Whereby. Elegiría aplicaciones con una base ética, que son las que no trafican, no especulan con nuestros datos. En primer lugar, no tienen acceso a ellos y en caso de que lo tuvieran te dicen para qué los utilizan, como una asistencia técnica. Si hacemos una comparativa, Whereby no utiliza ningún tipo de rastreador de movimientos en internet y los permisos que pide son acceso a cámara, micrófono y poco más. Zoom pide 35 permisos, Skype cerca de 50 y Tik Tok, que está muy de moda en el confinamiento, más de 70 y tiene 13 rastreadores, ¡es una auténtica locura!

–¿Saldrá nuestra libertad individual digital mermada de esta crisis?

–Es la razón de mi trabajo: la ética de los datos y la transparencia en el mundo de la inteligencia artificial, porque nuestra autonomía, nuestra dignidad y nuestra libertad se ven totalmente mermadas. Ya veníamos con una pérdida importante para que ahora las perdamos del todo. Por eso enviamos una carta al Gobierno (y fuimos uno de los primeros en la UE) alertando que no queremos que España se convierta en un estado de vigilancia permanente como puede ser la tendencia en toda Europa o en todo el mundo.

Necesitamos más información sobre las implicaciones reales de la falta de privacidad

–Los menores vuelcan mucha información en la red.

–Sí, son muy vulnerables, hay muchos delitos en el ciberespacio que están aflorando. Pero no sólo eso, fijémonos en la cantidad de información de menores que se recopila a través de estas herramientas. Por ejemplo, utilizan su cara para alimentar algoritmos dirigidos al reconocimiento facial. Aparte, si leemos sus políticas de privacidad, muchas se eximen de esa responsabilidad por el control parental pero en realidad no hay ningún tipo de verificación, ni se pide ningún tipo de documento al menor.

–El teletrabajo ha venido para quedarse. ¿Se van a preocupar más las empresas de su seguridad digital, de su privacidad?

–En términos de seguridad, más les vale. Tienen que tener todos los protocolos activados y sus bases de datos protegidas porque cualquier tipo de brecha de seguridad puede costar muy caro. En cuanto a la privacidad, sería muy recomendable que las empresas utilicen herramientas de base ética para poder proteger la privacidad de sus trabajadores, de sus clientes y de sus proveedores. En España, necesitamos más información acerca de cuáles son las implicaciones reales sobre la falta de privacidad de los ciudadanos.

–¿Y quién tiene que dárnosla?

–Si tuviésemos unas instituciones comprometidas con la privacidad, tendrían que realizar una especie de kit de información para los ciudadanos. Hay que jugar con diferentes maneras de comunicar dependiendo de la institución o el tipo de usuario. En Portugal, se llega al usuario final. Las organizaciones en general deben empezar a plantearse cómo informar de manera amigable cuán transparente son pero a muchas no les interesa serlo. De ahí que los contratos sean tan complicados de leer,.

–¿Hay mucho vendehúmos en su ámbito?

–Esto es inevitable e inherente al ser humano, cuando un tema está de moda. Este es un tema muy complejo y realmente se nota quien sabe y quien porque llega al detalle y eso no es tan fácil.

–Un amigo dice que prefiere seguir con el Nokia 3310.

–Yo también me lo estoy planteando seriamente y a ciertos directivos de bancos le están recomendando utilizar ese tipo de móviles. Por algo será.

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