Maui | Artista "Hay que reírse para después llorar a gusto"

La cantante utrerana Maui, ahora residente en Madrid. La cantante utrerana Maui, ahora residente en Madrid.

La cantante utrerana Maui, ahora residente en Madrid. / Juan Carlos Muñoz

Nació en Utrera (Sevilla) y se crió en un ambiente flamenco; en torno a una olla de potaje, una guitarra y mucho compás. Por eso sabe que para que un guiso esté en su punto hay que echarle mucha verdad. Y eso es lo que Maui hace en sus espectáculos. Con pimentón, una hojita de laurel y mucha verdad, esta artista regala letras maravillosas, mucha teatralidad, compás, altas dosis de humor y mucho colorido. Ahora, además de representar en Madrid Domingos de vermut y potaje, presenta Por arte de magia, su segundo trabajo en solitario.

-Viaje interior y ahora Por arte de magia. ¿Qué diferencia hay entre la Maui del primer disco en solitario y la actual?

-Lo que hay es una evolución, tanto letrística como musical. Tiene mucho punto surrealista, divertido, y esconde siempre debajo un mensaje bastante interesante. En cuanto a la producción, que está a cargo de Fernando Illán, ha sido brutal con respecto al anterior trabajo. Simplifica mucho la música para darle el foco a la palabra, elimina el artificio para que brille la historia que se cuenta.

-El micromecenazgo ha estado muy presente en ambos proyectos. ¿Libertad creativa o responsabilidad para con los mecenas?

-Es una responsabilidad, pero más responsabilidad es firmar un contrato con una multinacional. Sobre todo a la hora de atar tus alas, que no cortarlas. Un artista puede seguir siendo él mismo trabajando en una multinacional, pero tiene un compromiso de creación en un tiempo determinado que a mí no termina de interesarme. En el micromecenazgo la responsabilidad es evidente porque es tu público y está apostando por algo que no existe. A la vez es una recompensa maravillosa, porque puedes ver qué hay detrás y qué gente está interesada en tu proyecto. En este caso, la respuesta fue increíble, llegué a recibir el apoyo de Alejandro Sanz. Son sorpresas que sólo el micromecenazgo te puede dar.

-Su espectáculo aúna cante e interpretación. ¿No hay flamenco sin teatro?

-Siempre digo que hay un palo que viví de pequeña en Utrera que no ha pasado a la historia. Lo defino como guasería. En todas las fiestas gitanas cantaban Fernanda, Bernarda, Gaspar de Utrera, Perrate, Bambino... Eso sí ha pasado a la historia. Sin embargo, nadie habla de una gitana que había por allí haciendo performance sin ella saber lo que era eso. Esa guasa era muy importante porque hay que reírse para después llorar a gusto. Ese palo del flamenco es el que me representa y ahí está esa teatralidad de la que hablas.

-¿Qué hay debajo de los sombreros, volantes, colores que se pone en sus actuaciones?

-Debajo está María Luisa, que me cae muy mal. Ella hace las cuentas, es muy autocrítica y estudiosa, le gusta ir a comprar el pan con una libreta por si acaso aparece algo que observar a través de su caleidoscopio personal para dárselo luego a Maui. Maui es como el niño que todos llevamos dentro, quizás adormecido por el día a día y las circunstancias. Ella es colorido, imaginación, creatividad y no tener miedo.

-Sobrina de Bambino, escuchaba a los Beatles de pequeña y se enamoró del violonchelo a los 18. Es usted única en su especie.

-Todos somos cachitos de lo que hemos vivido. Descubrir a los Beatles en un universo puramente flamenco fue una maravilla. Me ponía mis walkman y alucinaba. Luego me pasó con el violonchelo. Descubrir algo tan primitivo y ver que puedes llevarlo a otro terreno es maravilloso. Siempre me ha gustado experimentar y mezclar los sonidos que tienen mis propias vivencias.

-Como nos gusta encasillar, a usted le ha tocado ser la Lady Gaga del flamenco.

-Hay que poner una etiqueta para todo. Se cree que al ponerla el público está predispuesto a ver un espectáculo porque intuye de qué va. Pero con eso se consigue que no exista capacidad de sorpresa y a mí me gusta que la haya. Cuando cuesta meter algo en un casillero, es muy complicado ponerle la etiqueta y acertar. A lo largo de mi carrera eso me ha costado pero, ahora, que no se me pueda poner una etiqueta lo veo como un valor.

-¿No cree que estamos necesitados de raíces?

-Estamos acostumbrados a las cosas en serie, cada vez más alienados, y salirse de eso es una necesidad. Hay mucha gente con ganas de comerse un platito de potaje hecho a fuego lento, que tenga verdad. Las cosas sin demasiados artificios a veces son muy poderosas. Hay cosas de siempre que hemos tratado de complicarlas, de ponerle muchos focos y mucha purpurina y a lo mejor es todo más sencillo de lo que parece.

-Si ser del Sur imprime carácter, ¿ser de Utrera?

-En Utrera hay mucha autenticidad. Venimos de ahí, podemos evolucionar pero el espíritu es ése. Es compartir, es una olla de potaje para todos los vecinos y es pasarlo muy bien con pocos elementos. Eso también es una responsabilidad en el punto flamenco, porque éste ha evolucionado pero en Utrera sigue como en su origen. Esa autenticidad supone un sello muy autóctono que se convierte en una responsabilidad porque en cuanto te sales un poco del tiesto te miran con lupa. Pero, aunque le eches pimentón al potaje, al final son chícharos y ellos lo ven, saben que hay enjundia.

-Usted, El Kanka, Antílopez, Rozalén... ¿La generación del 27 del siglo XXI?

-¡Qué bonito! Ojalá. Es curioso porque cuando llegué a Madrid nos juntamos Antílopez, El Kanka, Alberto Alcalá, Pedro Chillón, Rozalén... y desde entonces no nos hemos despegado. Nos encanta compartir, alimentarnos los unos de los otros sin tener absolutamente nada que ver. Es como una pequeña escuela que se creó sin querer y está teniendo un presente muy bonito, muy cálido. Tenemos un exceso de creatividad cuando nos juntamos.

-La última vez que hablamos me dijo que había que pasar por la capital para que te escucharan. ¿Mantiene la afirmación?

-Madrid me ha abierto puertas, hasta las eléctricas que no te detectan se me han abierto allí. Quizás allí haya más curiosidad por lo que no tiene etiqueta. Es un sitio que me ha permitido desarrollarme mucho más rápido que el Sur. El Sur tiene el peso de la creación, la inspiración para componer; sin embargo, Madrid tiene el rollo de la oportunidad. Estoy mostrando lo que hago, gusta y puedo seguir enseñándolo.

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