Entrevistas

"La robótica acabará venciendo a la consola"

-De chicos su juguete sería un robot.

-Estaba bien trastear, destriparlos, pero no era una obsesión.

-¿Se cumplieron las profecías de Asimov?

-No, ni mucho menos. Estamos muy lejos de Asimov.

-Entonces también estamos lejos de la inteligencia artificial.

-Bueno, eso es como aquello del Barón de Münchhausen, que quería sacarse del agua para no ahogarse tirándose él mismo de los pelos. La inteligencia no se puede crear, se puede simular. El hombre es bueno en la simulación, no en la predicción. Y la inteligencia consiste en eso.

-De Hal, el ordenador de 2001, ni hablamos.

-Estamos en 2009 y ya ve.

-No habrá máquinas con sentimientos.

-Lo importante no es que las máquinas sientan, sino que puedan generar emociones en el ser humano.

-Lo que es cierto es que la informática va muy por delante de la robótica.

-En los años 40 y 50 había grandes esperanzas en los robots, se pensaba que era el futuro, que se llegaría a corto plazo a mecanismos sorprendentes. No fue así, se avanzó lentamente. Ha habido mucha frustración tecnológica en ese sentido y esas frustraciones han retraído el dinero en investigación.

-La gente asimila un robot, en líneas generales, a un juguete.

-Un robot es un juguete y un juguete es una herramienta fundamental para la educación y el desarrollo. No es poca cosa.

-Pero los niños prefieren las consolas a los robots.

-A la larga, la robótica vencerá a las consolas. Las consolas nunca desaparecerán, pero llegará el momento en el que el público prefiera relacionarse con un elemento tridimensional y no con las dos dimensiones de una pantalla que actúa según tus órdenes y cuyos resultados están predeterminados y son previsibles. La consola está pensada para el uso individual, cualquier robot está pensado para la interacción.

-Pero los robots no triunfan y los videojuegos sí.

-Sony sacó un perro robot muy elaborado. Era un juguete atractivo, pero tremendamente caro. Lo tuvo que retirar del mercado. Hacer un videojuego es una inversión mucho menor en tiempo que crear un robot.

-Ustedes trabajan en un juguete para niños con autismo o parálisis cerebral.

-Las familias de esos niños están ansiosas por conocer los resultados del prototipo, por acceder a él. También los terapeutas esperan ese juguete porque nosotros entendemos que juego y educación es lo mismo. Se desconoce el potencial que un robot de este tipo puede tener en un niño con dificultades graves para interaccionar con su medio, pero puede ser sorprendente.

-¿Y qué tiene su robot que no tengan los demás robots?

-En cierto modo, unimos varias herramientas ya existentes para trabajar con estos niños. No se trata de algo mecánico que hace siempre las mismas cosas, sino de un instrumento que se puede configurar por el propio terapeuta según las necesidades del niño.

-¿Qué hace?

-El niño percibe algo vivo que habla, baila y se mueve según las circunstancias, un robot cuya misión es estar con él y que está pensado sólo para él. Es único.

-¿Un amigo?

-En cierto modo, pero el robot no sustituye a la persona, ni a la familia ni al terapeuta. El robot es un instrumento para llegar al niño a través de una gama de herramientas integradas en el mismo mecanismo.

-Un robot, como el origen de su nombre indica, es un sirviente.

-Sirve a un objetivo que es la mejora de las capacidades. Como todo robot, es un sirviente, naturalmente.

-¿Qué herramientas o juguetes se utilizan ahora con estos niños?

-Hay poco y es caro. Son objetos que necesitan adaptaciones. Hay pulsadores que encienden una luz, o se escucha una frase u otra. No hay investigaciones sobre aplicación de la robótica en estos casos.

-Pese a que grandes empresas sí que invierten, y mucho, en robótica.

-Por supuesto. En Estados Unidos existe Androtonic que da importantes pasos en el uso hospitalario de los robots y, al mismo tiempo, trabaja para la NASA y en la aplicación de robots en la guerra extrema.

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