España

Fantasías y fantasmas

CON el mismo don de la oportunidad con el que el presidente del Gobierno comparaba hace unos meses a España con un "poderoso transatlántico" precisamente el día que se cumplía el 99 aniversario del hundimiento del Titanic, su relevo como candidato socialista al potro de tortura de La Moncloa alardeaba ayer de que habría barrido a Carme Chacón en esas primarias que también acabaron en el fondo del mar, su segunda metedura de pata en tan sólo 48 horas, algo sin precedentes en sus 23 años de brazada en las bravas aguas de la alta política.

¿Qué le pasa al maestro de la oratoria y de los equilibrios imposibles? De casta le viene al galgo, de abuelo republicano y padre aviador sublevado en el bando fascista en la Guerra Civil, ese ministro a la par que portavoz incombustible de los gobiernos de González y Zapatero, ese superviviente que apostó por Bono frente a Zapatero en el congreso del PSOE de 2000, ese pretendido rayo de luz ante el negro panorama de cara a la cita ante las elecciones generales del 20-N...

¿Será esa curiosa coincidencia -nada casual, evidentemente, ese alimón es un ácido empujoncito a la izquierda para que ese día desfile ante las urnas al grito de que viene la derechona- también obra gracia de Rubalcaba?, esa sombra alargada que lo nubla todo, según el PP. Y es que desde el primer partido de la oposición se le ha acusado hasta de montar, en su calidad de ministro del Interior, un "Estado policial" a raíz de algunas filtraciones de investigaciones judiciales en marcha, amén de otras lindezas, como ser el impulsor en la sombra de las acampadas del 15-M -ese carro al que ahora se suben todos los políticos, incluso los que lo despreciaban por perroflauta, tan desatinados como los que se dejan los pulmones con la sandez de que los políticos no nos representan-, o, escarbando un poco más la leyenda sobre la mano negra, la decisión del Partido Regionalista de Cantabria de volver a presentarse a las elecciones generales, trance inédito desde 1983 de la formación que dirige Miguel Ángel Revilla, un "peón más" de Rubalcaba, según la licencia que se tomó ayer el PP para acusar -sin pruebas, como siempre, todo fantasía- al candidato socialista de "garantizarse posibles socios en el Congreso" si Rajoy vuelve a fracasar el 20-N y no consigue la mayoría absoluta, que la otra -motos de Ferraz aparte- se da por descontada, digo yo, digo las encuestas.

Tic, tac, se acerca el día y Rubalcaba no se crece, se agiganta, ora erigiéndose como quien no quiere la cosa en líder del PSOE mientras Zapatero arde en la pira de la maldita prima, ora alardeando de que habría ganado las primarias sin despeinarse. Por muchos fantasmas que evoque el 20-N, estos raptos de ego no casan con ese señor que el domingo llegó a un acto político al volante de un humilde Skoda Fabia y que acabó apoquinando por la zona azul.

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