España

Tejero ordenó disparar a los diputados

  • El teniente coronel golpista conminó a sus guardias a abrir fuego "si se iba la luz y recibían un roce en el cuerpo" · Cuando se llevaron a Suárez, los documentos recogen que se produjo "un grave silencio"

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El Congreso de los Diputados hizo ayer públicas las actas oficiales del Pleno del 23 de febrero de 1981, cuando el teniente coronel Antonio Tejero y grupo de guardias civiles lo asaltaron y protagonizaron un golpe de Estado. Redactas en su día por los cuatro secretarios de la Cámara Baja, los ucedistas Víctor Manuel Carrascal y Soledad Becerril y los socialistas Leopoldo Torres y José Bono, dichos documentos recogen que Tejero ordenó disparar a los diputados "si hubiera un apagón de luz en las puertas donde estén ustedes, al recibir un roce en el cuerpo".

Poco después de ser advertido al filo de las nueve de la noche por el vicepresidente primero del Congreso, Modesto Fraile, y por Bono de que, en el caso de un corte del suministro de fluido eléctrico, la Cámara Baja quedaría a oscuras al carecer de generador, "ante la sorpresa y estupor de todos los presentes, el teniente coronel Tejero grita, dirigiéndose a la fuerza ocupante: "Si hubiera un apagón de luz en la puerta donde estén ustedes, al recibir un roce en el cuerpo, hagan fuego", según contienen las actas.

"A continuación -agregan-, alguien dice: ¡Pónganse en las puertas y puestos! ¡En las puertas! ¡Nadie empuje las puertas si se apaga esto, porque recibirá fuego!".

Acto seguido, siempre según estos documentos, Tejero ordenó a los ujieres que trajeran sillas del exterior y las colocaran en el centro del hemiciclo, cerca de la mesa pequeña de los taquígrafos, y les conminó a que prendieran fuego a la pira creada. "En ese momento, varios diputados gritaron que todo era de madera. Un oficial vuelca algunas de las sillas, extrae la estopa y la coloca encima de la mesa de los taquígrafos; un oficial, a requerimiento del presidente del Cámara (Landelino Lavilla), que le advierte de los riesgos, detiene la operación. Media hora después, aproximadamente, un ujier situaba, encima de la mesa de los taquígrafos, unos cuantos velones", añaden.

Aparte del momento de la entrada en el Congreso de Tejero y los suyos, uno de los instantes más tensos del cautiverio que vivieron los representantes de la soberanía nacional se produjo a las 19:45, cuando Tejero cogió del brazo al presidente del Gobierno en funciones, Adolfo Suárez, y ambos salieron del hemiciclo. Poco después siguieron sus mismos pasos el líder de la oposición, Felipe González; el vicepresidente del Gobierno, Manuel Gutiérrez Mellado; el vicesecretario general del PSOE, Alfonso Guerra; el ministro de Defensa, Agustín Rodríguez Sahagún, y el secretario general del PCE, Santiago Carrillo. "En ese momento, se produce en la Cámara un grave silencio", recogen las actas.

Instantes después, un miembro de la Guardia Civil leyó un "comunicado" del teniente general Jaime Milans del Boch, jefe de la III Región Militar, por el que éste suma a la asonada militar en la zona de Valencia declarando el toque de queda. Antes, cuando apenas llevaban una hora en el Congreso, el propio Tejero trasladó a sus números un "abrazo" de Milans del Boch.

"Desde los pasillos exteriores -continúan- al Hemiciclo se oyen gritos confusos, coreados con vivas; inmediatamente después: "¡Viva España!", que es respondido con muchas voces que dicen: "¡Viva!" y algunas que gritan: "¡Arriba!". También desde el exterior se pronuncian los gritos: "¡Viva el Rey!, ¡Viva la Guardia Civil!". Se oye otro grito confuso, que dice: "¡Viva la democracia!" y es respondido por una voz que dice: "¡Viva!".

A pesar de que la "autoridad militar competente" que debía aparecer en poco tiempo no hacía acto de presencia, Tejero alimentó la esperanza de los suyos hasta bien entrada la noche: "Hacia las 22:30, el teniente coronel Tejero entró en el hemiciclo y pronunció las siguientes palabras: "¡Guardias! La II, III, IV y V Región Militar han dicho sí al teniente general Milans del Boch como presidente del Gobierno", recogen las actas.

Sin embargo, con el paso de las horas y el golpe de Estado fracasaba, los malos modos del zarandeo a Gutiérrez Mellado y del que "¡sienten, coño!", las amenazas de disparar y la prohibición de leer y tomar notas -llegaron a arrebatarle al diputado Luis María de Puig i Olive un libro de poemas de Rafael Masó- fueron dando paso a unas maneras más educadas. Así, hacia las once de la mañana del día 24 de febrero, según las actas, un teniente se dirigió de la siguiente forma a los diputados: "Silencio, por favor, siéntense. Vamos a ver. Disculpen que el desayuno esté tardando tanto en venir; es que me parece que no va a ser necesario. Da la sensación de que se llegando a una solución al problema… Les agradeceré que sigan manteniendo aquella calma que mantuvieron…". Hasta Tejero se volvió más educado en el desalojo: "Por favor, se va a desalojar. Lo único que les pido es que colaboren y salgan poco a poco".

Durante estas horas finales, cuando el golpe de Estado había fracasado, tomó protagonismo el presidente de Alianza Popular, Manuel Fraga. A las 8:50, el político gallego se dirigió a Tejero y a otros oficiales diciendo: "¿Puede la Guardia Civil tenernos como a una pandilla de forajidos a tantos hombres indefensos?". Y añadió: "Ya no aguanto más… Disparen contra mí (abriéndose la chaqueta)".

En otro momento, insistió: "No paso por esto. Es una traición a España en estos momentos. No están haciendo un favor a España. No paso por esto". Cuando le pidieron por favor que se quedara quieto, contestó: "No hago ningún favor. ¡Lo siento, pero quiero salir de aquí. ¡Salimos todos!" También hizo ver a Tejero y al resto de mando que estaban "arruinado la carrera de estos hombres", y se atrevió a recriminarle: "Le hago notar que me ha puesto la mano encima". "¡Las dos!", le contesta Tejero.

Cuando estaba a punto de salir del hemiciclo, el veterano político exclamó: "Prefiero morir con honra que vivir con vilipendio".

La reparación de los desperfectos ocasionados en el Congreso de los Diputados habrían costado 6.350 euros, según los cálculos efectuados en su día por el arquitecto conservador de la Cámara.

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