Doble fondo

Roberto Pareja

¡Viva España! (II)

La ultraderecha se está normalizando y el PSOE presume de pararle los pies (sic) 

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en rueda de prensa este lunes en la sede nacional de Vox en Madrid. El presidente de Vox, Santiago Abascal, en  rueda de prensa este lunes en la sede nacional de Vox en Madrid.

El presidente de Vox, Santiago Abascal, en rueda de prensa este lunes en la sede nacional de Vox en Madrid. / Javier Lizón (EFE)

No le queda otra a este aliviado cronista que pedir perdón a sus compatriotas. Hasta el 28-A, engrosaba la legión de temerosos convencidos de que los españoles de bien –según se autodefinen los de bandera–, los españolazos –los del hiperbolismo caricato que deriva de acomplejados siglos de oscurantismo–, y hasta la gente normal, que diría Rajoy, iban a llevar en volandas a los guardianes de las esencias patrias que galopan clavando espuelas odiosas sobre los que llaman rompepatrias (todo el que no se envuelve en la manoseada tela rojigualda), para irrumpir con aire marcial en el Congreso. Democráticamente, para variar.

Perdonen la polvorienta parrafada, ha sido rescatada de pe a pa de la hemeroteca. Uno respiraba en primavera aliviado porque la ultraderecha se había venido tan arriba en las encuestas que le supieron a poco los 24 brotes verdes que plantaron las urnas en el Congreso. Decía entonces que miles de españoles esperábamos entre el repudio, la irritación y el cerote un aluvión de salvapatrias de nuevo cuño en la Cámara Baja, pero el vendaval ultra se convirtió en una brisa cuasi testimonial y algunos españoles podíamos presumir de que la derecha radical sólo se hizo con un 10,26% de votos.

Pero esta vez, el partido de Santiago Abascal ha sumado un millón más que el 28-A, cuando cosechó casi 2,7, y el apoyo del 15%. Su implantación se extiende a 13 de las 17 comunidades autónomas y los únicos territorios donde no obtiene representación son País Vasco, Galicia, Navarra y La Rioja. En la Región de Murcia y en Ceuta la ultraderecha fue la fuerza más votada.

Se ha erigido como tercer partido de este país y lo peor es que todo, hasta ella, parece muy normal, sus votantes ya ni se esconden ni murmuran; todo lo contrario, tienen a gala y proclaman sin disimulo su confianza en ésos que, por ejemplo, no tienen reparo en criminalizar a menores extranjeros no acompañados, sin papeles, y sin nada, ni nadie, como en La Macarena ante la estupefacción de la mayoría de los vecinos.

Están (Vox) obsesionados. Abascal ha sido denunciado ante la Fiscalía por afirmar que los españoles sufren “discriminación” frente a los extranjeros a la hora de recibir ayudas al alquiler. La Fiscalía ha presentado una denuncia por posible delito de odio de Vox al difundir en Twitter que cinco “magrebíes” habían cometido abusos sexuales en grupo a una mujer en una playa nudista de Cullera en junio, cuando ya era público y notorio que todos eran de nacionalidad española...

Abascal llegó al debate a cinco del lunes 4 de noviembre y lanzó sus insidiosos mensajes sin que ningún otro candidato los cuestionara. Así nos ha ido. Y nos va. Lo del dirigente socialista José Luis Ábalos encarándose ayer con un periodista –“¡no me diga que no hemos frenado a la ultraderecha!”– es de nota, de un nota con una cara my dura.

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