Las claves

La Justicia, en llamas

  • La sentencia del Supremo rectificándose a sí mismo con los impuestos hipotecarios y el reparto de vocales en el CGPJ han encendido los ánimos en la calle y en la judicatura.

Carlos Lesmes, presidente del Tribunal supremo. Carlos Lesmes, presidente del Tribunal supremo.

Carlos Lesmes, presidente del Tribunal supremo. / EFE

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Jueces y fiscales irán mañana a una huelga convocada por todas sus asociaciones. Exigen más medios para realizar su trabajo así como mejoras salariales.

La Justicia está en llamas, pero no solo por lo que consideran escasez de medios y precariedad salarial, que también, por eso habrá huelga; arde porque la sentencia del Tribunal Supremo que se rectifica a sí mismo en el caso de los impuestos hipotecarios ha supuesto una conmoción generalizada por lo que significa de deterioro de la imagen del Supremo y de su presidente, Carlos Lesmes, cuyo mandato expira el próximo mes. Arde porque cuando estaban con los ánimos exaltados, la incomodidad a flor de piel y la preocupación se adivinaba en cada rostro de los muchos responsables de impartir Justicia, el ambiente se envenenó hasta extremos nunca vistos ante las negociaciones entre gobierno y PP para proceder a la obligada renovación del Consejo Superior del Poder Judicial (CGPJ), cuyo presidente es a la vez presidente del Tribunal Supremo.

El acuerdo, con el reparto de puestos en el nuevo CGPJ ha encendido a jueces y fiscales, a sus asociaciones y a los partidos del arco parlamentario que quedaron al margen de la negociación, aunque corresponde al Congreso y al Senado aprobar los nombramientos. Y ha encendido también a los partidos que protagonizaron la negociación, porque es visible tanto en el PSOE como en el PP la discrepancia sobre el resultado de las negociaciones. Sobre todo en el PP, donde cuentan con el presidente del Consejo y por tanto del Tribunal Supremo, Manuel Marchena, pero en cambio piden la mayoría en el Consejo. Si las negociaciones iniciales partieron del mismo número de miembros para PP y PSOE, 10, en el último minuto se acordó que el PP colocaba a Marchena en la presidencia a cambio de que los socialistas tuvieran un vocal más. Un sector importante del PSOE no comprende que se haya cedido la presidencia, y un sector importante del PP no comprende que se haya cedido la mayoría. Y la totalidad de los jueces y fiscales se sienten defraudados una vez más por la forma en la que se pactan los miembros del CGPJ y el tinte de politización con el que queda marcado el nuevo Consejo.

La negociación sobre el reparto del CGPJ entre Delgado y Catalá se inició antes del verano

Las negociaciones entre la ministra Dolores Delgado y el ex ministro Rafael Catalá se iniciaron antes del verano. A dos, no con equipos de trabajo. Con Pedro Sánchez y Pablo Casado marcando las pautas negociadoras. Las conversaciones entre la actual ministra de Justicia y su antecesor se han celebraron en un clima de gran cordialidad, incluso de simpatía. Se conocen hace mucho tiempo y desde luego nada que ver ese clima con el que mantienen en público, agravado por el episodio de las cintas de Villarejo y la exigencia constante del PP de que debe dimitir como ministra.

No ha intervenido en las negociaciones Ciudadanos, ya que es muy crítico con el sistema actual de elección de los miembros del CGPJ y ha propuesto fórmulas que considera más profesionales y menos políticas, y tampoco ha intervenido Podemos.

Rosell no está

Se ha manejado el dato de que había puesto sobre la mesa el nombre de la juez canaria Victoria Rosell y que había sido rechazada por PSOE y PP. Sin embargo, tanto el Gobierno de Sánchez como Rafael Catalá aseguran que nunca Podemos ha propuesto a la polémica juez que, tiempos atrás, Podemos presentaba como segura ministra de Justicia en el Gobierno de coalición que Iglesias esperaba alcanzar con el PSOE.

Fue diputada de Podemos sólo unos meses, y renunció a presentarse en las elecciones de 2016 por aplicación del código ético de Podemos, ya que debía responder de una querella por prevaricación interpuesta por el ex ministro José Manuel Soria. Archivada la querella, Rosell esperaba la oportunidad de regresar a primera línea desde el CGPJ, pero no salió elegida. Ha anunciado su retirada de la política dando a entender que su nombre había sido vetado por PSOE y PP. No lo ha sido, Pablo Iglesias no defendió su candidatura.

No fue por tanto el nombre de Rosell objeto de negociación, aunque sí el de José Ricardo de Prada, propuesto por el PSOE y marcado por el PP desde hace años, pero más aún desde que su actuación profesional provocó que el ex presidente Mariano Rajoy tuviera que comparecer ante el tribunal que investiga el caso Gürtel. Hasta el último momento confió Catalá en que el PSOE retirara el nombre de De Prada, pero no fue así. Como sabe cualquier negociador, la única forma de llegar a un acuerdo es que cedan todas las partes. El PSOE cedió al acceder que fuera Manuel Marchena el presidente del CGPJ y del Supremo, y el PP a que el PSOE tuviera un vocal más que rompía el empate.

En el entorno de Pablo Casado, que fue el interlocutor directo de Catalá en todo lo relacionado con las negociaciones, se explica que Marchena es uno de los profesionales de más prestigio de la carrera, reconocido incluso por el propio PSOE -la ministra de Defensa Margarita Robles no oculta su admiración por el magistrado- y están convencidos de que su buen hacer se centrará en conseguir que las decisiones se tomen por consenso y sin que se repitan algunos espectáculos vividos en el pasado, cuando decisiones del Consejo de profundo calado se solventaban con votaciones en las que los miembros se manifestaban como interesaba a los partidos que los habían propuesto para formar parte del CGPJ. Algo que con Carlos Lesmes fue menos frecuente, pero para desgracia del todavía presidente del TS y del Consejo -por cierto, Pedro Sánchez siente un profundo respeto por él y siempre tiene para Lesmes buenas palabras- la sentencia sobre el impuesto hipotecario ha dañado de forma relevante su imagen profesional.

Iglesias en La Moncloa

Sánchez, como gesto especial hacia su principal socio de gobierno, le pidió a Iglesias que acudiera a Moncloa el mismo día que se hacía pública la lista de los miembros del Consejo que se votarán en próximas fechas en el Congreso y en el Senado. El encuentro se celebró cuando ya se conocía el malestar que se vivía en el mundo judicial por lo que consideraba conchabeo inadmisible entre los dos grandes partidos para repartirse los sillones del Consejo. Como es lógico, el presidente e Iglesias hablaron sobre las negociaciones y su resultado, negociaciones en las que Podemos estuvo al margen -insistimos en ello, es una de las razones por las que el presidente pensó que debía informar a Iglesias sobre cómo se habían producido-, pero hablaron también de otras cuestiones, entre ellas el futuro de los Presupuestos y el eterno problema de Cataluña.

La Moncloa tiene la sensación de que la visita de Iglesias se filtró desde Podemos

Iglesias sugirió que no se informara sobre ese encuentro para no echar más leña al fuego judicial que se había provocado y Sánchez estuvo de acuerdo. Sin embargo, poco después de finalizar la entrevista, la noticia estaba en la calle y La Moncloa tiene la sensación de que se filtró desde Podemos. Un capítulo más de la estrategia de Pablo Iglesias, que molesta en Moncloa, en la que presume de mensajero del presidente de Gobierno para tantear el terreno ante asuntos delicados y, además, se pone medallas que según el Gobierno no le corresponden.

En pocos días se elegirá el nuevo CGPJ con un cambio de última hora, la inclusión de una ex consejera del tripartito de Montilla, Mar Serna. Gobierno y PP creen que han cumplido con lo que se habían marcado, un presidente de prestigio aceptado por las dos partes -se consultó a Marchena antes de cerrar su nombre- y un vocal más para el PSOE. Sin embargo, la solución ha provocado grandes recelos en PP y PSOE. Y en el mundo judicial porque, una vez más, sus instituciones quedan contaminadas por la supuesta politización.

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