Elecciones generales del 10-N

La campaña exprés se le está eternizando a Sánchez

  • El candidato socialista se enreda con la Fiscalía y hace guiños extemporáneos al dislocado Torra

  • Casado pedalea a lomos de la crisis y Rivera sigue como una moto a pesar de su virtual descalabro

El secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, en Los Alcázares (Murcia) este jueves por la mañana. El secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, en Los Alcázares (Murcia) este jueves por la mañana.

El secretario general del PSOE y candidato a la Presidencia del Gobierno, Pedro Sánchez, en Los Alcázares (Murcia) este jueves por la mañana. / Europa Press

Está nervioso, la campaña exprés se le está haciendo muy larga, eterna, sólo eran siete días, con sus siete noches, pero parecen años, las esperanzas son un buen desayuno y una mala cena, y las de Pedro Sánchez de hacerse más fuerte con las cuartas elecciones generales en cuatro años de este 10 de noviembre miran de reojo a la posada del fracaso.

El presidente del Gobierno en funciones y candidato del PSOE ha admitido este jueves  que está cansado y que por eso ha cometido un error de parvulito político al afirmar sin ambages lo que todos sabemos pero ningún dirigente admite a las claras: que la Fiscalía es una correa de transmisión del Gobierno de turno.

"¿La Fiscalía de quién depende?", preguntó Sánchez a su entrevistador el miércoles en RNE tras recordarle la iniciativa del Ministerio Público para reclamar de nuevo la entrega de los líderes huidos del procés. "Del Gobierno", le contestó con los papeles cambiados el que se encarga de hacer las preguntas. "Pues ya está", coronó el trémulo candidato del PSOE.

Tiro al pie ante las cámaras

Sánchez ya se pegó un tiro al pie en el debate del lunes con los otros cuatro grandes candidatos de este 10-N ante las cámaras. "Yo me comprometo, hoy y aquí, a traerlo [al ex presidente de la Generalitat Carles Puigdemont] de vuelta a España y que rinda cuentas delante de la Justicia". Le daba así munición al secesionismo menoscabando la imagen de independencia de la Justicia española. Ayer, Sánchez rectificó. Es que se explicó mal. "Son muchas horas frente a un micrófono, frente a una pantalla", señaló contrito, subrayando su respeto "tanto la autonomía fiscal como a la independencia del Poder Judicial".

Cataluña es uno de los ejes, el gran eje, de una campaña electoral que da sus últimas bocanadas y se está convirtiendo en el gran caballo de Troya de una derecha que veía el asalto a los cielos del poder como una misión imposible tras las últimas elecciones generales y que ahora, entre la neblina socialista, ve un agujero que se agranda. El desnortado Sánchez parece que no ve, o no quiere ver, que Quim Torra y compañía se han echado decididamente al monte y que no hay vuelta de hoja.

Uno de los siete detenidos de los Comités de Defensa de la República (CDR) ha confesado en la Audiencia Nacional que contaban con la complicidad del mismísimo presidente de la Generalitat para asaltar unos días el Parlamento catalán, pero el candidato socialista se enroca en una actitud que oscila entre lo contemplativo y lo ilusorio, que las aguas vuelvan a su cauce entre la tormenta, y el bombero pirómano asegura sin despeinarse (en una tribuna que publican entre ayer y hoy una veintena de medios europeos) que aún "existen ámbitos de diálogo a explorar si los líderes separatistas abandonan definitivamente la vía unilateral".

Casado y la copa del pino 

Sánchez ha coincidido este jueves en tierras murcianas con el líder del PP, Pablo Casado, que sigue agigantando esa triste figura que le dejó el 28 de abril. A pesar de que todos los sondeos vaticinan una victoria socialista, nada asegura que vaya a ser más holgada que la de la pasada primavera. El bipartidismo ha muerto, pero el firmamento electoral sigue girando alrededor de los dos viejos astros, de esos dos bloques, la izquierda y la derecha, que están de nuevo ante el espejo de la crisis. "Hay una crisis como la copa de un pino, y ya solo la niega Pedro Sánchez, y la niega para intentar ganar dopado las elecciones. Así de claro, intenta ocultar la cifras para adulterar los últimos dais de campaña electoral". Casado pedalea y su bicicleta no es precisamente estática.

Le flanquean Ciudadanos, en franco declive, y Vox, que cuantas más chispas echa el conflicto catalán más les quema la moral a sus adversarios. Según dijo ayer Sánchez, Vox es un "invento" del ex presidente Aznar para "desestabilizar" en su momento a Rajoy, que al final se está "imponiendo ideológicamente" y "comiendo electoralmente" a la derecha.

Casado no parece demasiado preocupado con el invento, la dirección del PP sostiene que en todo caso le va a dar un buen bocado a Ciudadanos y que la derecha se está dualizando entre PP y Vox, que no hace ascos a la crispación para seguir engordando sin complejos: la formación ultraderechista ha vetado a los periodistas del Grupo Prisa en sus mítines por un editorial de El País que advertía de que los argumentos expuestos por Santiago Abascal en el debate televisivo del lunes, muchos de ellos de carácter xenófobo e intolerante, "exigen activar todas las alarmas".

Vox se reactiva entre la crispación

De momento, lo que se está (re) activando es el voto a un partido al que se daba por amortizado tras su estancamiento en las elecciones municipales, autonómicas y europeas del 26 de mayo. El órdago catalán ha puesto a Vox en órbita y sigue cotizando al alza en ese mercado de la fruta prohibida que son las encuestas que llegan desde Andorra esta semana de sondeos prohibidos en territorio nacional. La brócoli (Vox) sería la tercera fuerza política del Congreso con el 15,6% de los votos y 53-58 parlamentarios. Su estimación de voto ha subido un punto y medio desde el inicio de la campaña y 5,3 en el último mes.

El gran descalabro virtual es el de Ciudadanos. A pesar de todo, su candidato, Albert Rivera, va como una moto (ayer, penúltimo día de campaña, se montó en una desde Madrid hasta Herrera de Duero (Valladolid) y, con el viento de cola de Vox, que quiere derruir el Estado autonómico, propuso una "gran reforma nacional" para "revisar todas las competencias autonómicas", eliminar duplicidades y garantizar la igualdad de todos los españoles, vivan donde vivan.

El fantasma del bloqueo sigue llamando a la puerta este 10-N. Y el de la abstención: hay un 32% menos de votos por correo de andaluces residentes en otros puntos de la geografía española. Sánchez no estará solo en la posada del fracaso.

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