Elecciones generales del 10-N Más difícil todavía para Podemos

  • La irrupción de Errejón y la reverberación del conflicto catalán nublan el panorama de la formación morada

  • Los de Iglesias echarán en cara a Sánchez su falta de arrojo ante bancos, eléctricas y empresarios

La candidata de Podemos Navarra para el 10N y portavoz adjunta de la formación morada en el Congreso en esta pasada legislatura, Ione Belarra, ha mantenido una reunión en Pamplona con militantes del partido para "construir desde abajo la campaña". Belarra, ha asegurado en declaraciones prev

La candidata de Podemos Navarra para el 10N y portavoz adjunta de la formación morada en el Congreso en esta pasada legislatura, Ione Belarra, ha mantenido una reunión en Pamplona con militantes del partido para "construir desde abajo la campaña". Belarra, ha asegurado en declaraciones prev / Jesús Diges (EFE)

Podemos afronta la campaña hacia el 10 de noviembre con ánimo por dar la batalla, aunque en esta convocatoria el reto es más difícil todavía y no solo por la competencia de Íñigo Errejón sino porque emergen temas como Cataluña, que nunca han sido un punto fuerte para los de Pablo Iglesias.

La formación morada vendió como un éxito el resultado electoral del pasado 28 de abril, cuando su coalición Unidas Podemos retuvo 42 diputados de 71, y medio año después busca resistir de nuevo contra pronóstico, porque, recuerdan algunos de sus dirigentes, no hay cita electoral en la que no se les dé por muertos.

Pero desde 2015 hasta ahora no ha habido unas elecciones en las que Podemos haya mantenido sus resultados: de los 69 escaños de 2015 pasaron en la repetición electoral de 2016 a 71, pero se dejaron por el camino un millón de votos por su alianza con IU y Pablo Iglesias ya definió entonces el resultado como no satisfactorio.

La noche del 28 de abril Pablo Iglesias perdió otros 1,4 millones de votos. El fracaso no fue tan mal trago, pues parecía entonces viable concretar con el PSOE el gobierno de coalición progresista que Podemos se marcó como objetivo de campaña.

Seis meses y tropecientos desplantes después, Pablo Iglesias vuelve con el viento en contra a unas elecciones que podría haber evitado con la coalición de julio o dando "gratis" los votos al PSOE.

Pese a que algunos diputados de la coalición han expresado a EFE sus remordimientos por no haber aceptado la opción de julio, el núcleo duro de Podemos reivindica la decisión. Porque, argumentan, no vinieron a hacer política para ablandarse, sino para cambiar las reglas y poner freno a los privilegios.

Por eso, pese al rechazo férreo del PSOE, Pablo Iglesias no quiere soltar amarras y pedirá de nuevo el voto para que Podemos entre en un Gobierno progresista en el que esta vez cabría también el partido liderado por su ex amigo Íñigo Errejón.

Plantar cara a a los poderosos

Pablo Iglesias combinará en campaña su apuesta por gobernar con la denuncia de que Pedro Sánchez nunca quiso plantar cara a las eléctricas, los bancos o los empresarios porque ahora prepara el terreno para pactar con la derecha.

Y alertan en Podemos de que en ese camino, el socialista podría tener como aliado a Errejón, al que algún dirigente morado define como el mirlo blanco del PSOE.

La intención de Podemos es no entrar en confrontación directa con el dirigente de Más País, pero en la última semana Pablo Iglesias no ha dejado de referirse a él, primero para recordar que el origen de la fractura entre ambos fue el interés de Errejón por favorecer en 2015 el Gobierno de Sánchez tras su pacto con Ciudadanos y después para compararlo con un líder regionalista.

Entre los dirigentes persiste el resquemor hacia el ex número dos que se apeó del proyecto a tres meses de las elecciones en las que debía ser candidato. En esta ocasión, Íñigo Errejón pesca también de entre las filas de Podemos a algunos de sus candidatos.

La dirección asume que Más País -o "el partido de Errejón", como lo llaman en Podemos- podría arañarles algún escaño pero tienen la convicción de que su electorado es fiel y de que su ex número dos entrará en el Congreso, pero sin pisar fuerte.

De hecho, hay quien avisa de que Más País puede arrebatar escaños a Podemos sin sumar tampoco uno propio, algo que podría suceder en Murcia, Castellón o Zaragoza, según algunas fuentes del partido.

Podemos luchará en esta campaña por situar en el centro del debate cuestiones como el trabajo, la reforma fiscal, los impuestos a los bancos, las dificultades de acceso a la vivienda o la necesidad de poner freno a los beneficios de las eléctricas en un escenario de incertidumbre económica.

Pero sus dirigentes son conscientes de que Cataluña entra de pleno en la campaña "porque a algunos no les interesa hablar del paro", y este es un asunto que ha sido un tanto espinoso para la formación morada, que se niega a aplicar de nuevo el artículo 155 en Cataluña.

Unidas Podemos mantuvo en su programa electoral del 28 de abril la propuesta de un referéndum, pero sin airear la idea en exceso, aunque en esta ocasión saldrá a relucir que la posición de Podemos es distinta: pide diálogo en lugar de amenazas y no "llamar terrorismo a cualquier cosa".

En las filas moradas confían no obstante en que no se instale en toda la campaña la cuestión catalana y en que, una vez se conozca la sentencia del procés, entren en juego otros asuntos.

Por el momento, Podemos apostará por hacer una campaña novedosa en la que tengan menos peso los mítines y ganen presencia dirigentes como Noelia Vera, Pablo Echenique, Alberto Rodríguez o Ione Belarra, además de la número dos, Irene Montero, que esta vez no completa el descanso por maternidad y compaginará la crianza de su tercera hija con la campaña.

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