Análisis

El guión separatista se va cumpliendo

  • La Cámara catalana puede aprobar una proclamación intermedia, confusa, que llevase a unas elecciones autonómicas que serían constitucionales del futuro Estado

Forcadell, presidenta del 'Parlament', presidió ayer la Mesa de la Cámara. Forcadell, presidenta del 'Parlament', presidió ayer la Mesa de la Cámara.

Forcadell, presidenta del 'Parlament', presidió ayer la Mesa de la Cámara. / Toni Albir / efe

Cataluña vive una situación prerrevolucionaria, las principales instituciones del Estado en la comunidad, la Generalitat y la mayoría del Parlament, se han rebelado contra el Estado español y paso a paso van cumpliendo sus objetivos tal como habían previsto. La prensa barcelonesa llama "estado mayor" del independentismo a un núcleo duro del que forman parte el presidente Carles Puigdemont, con intereses distintos a los de su partido, el PDeCAT ; el vicepresidente Oriol Junquera, que sí agrupa a toda ERC, y los jordis, que son Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, los líderes de la Asamblea Nacional de Cataluña y de Omnium . Este núcleo estaría bendecido, y asesorado por figuras como el republicano Xavier Vendrell, el convergente David Madí y el editor próximo a ERC Oriol Soler.

Batalla a batalla van ganando una guerra, donde está resultando clave la movilización en la calle y la organización de unos activistas muy comprometidos que hicieron posible que se votase el pasado domingo. Con papeletas, urnas y colegios, aunque fuese ilegal y carente de transparencia. Pero se votó, posiblemente el mismo número de personas que están comprometidos con la independencia (pongamos dos millones), pero la operación ideada por Interior fue, en este sentido, un desastre.

Lo que se discute ahora en este núcleo duro es cómo proclamar la independencia: para ser más precisos, cómo dará cuenta el Parlament del "resultado vinculante" del 1-O. Hay diferencias, algunos prefieren dar paso directamente a la república catalana y otros, realizar una declaración por fases, ya que la independencia no sería reconocida por la comunidad internacional. Por tanto, es posible que haya una solución intermedia que les permita seguir con el proceso. Cada día es un avance.

Los independentistas consiguieron el domingo algo de lo que carecían: atención internacional, oídos prestos ahora en las instituciones europeas cuando antes sólo se escuchaba la versión del Gobierno de Mariano Rajoy. Además, el empleo de la fuerza por parte de policías y guardias civiles –por otra parte, inútil para detener la votación- le ha dado razones ante la opinión pública catalana. El martes salieron a la calle muchas personas que no son independentistas, pero que rechazan una violencia que ha sido amplificada por la televisión de la Generalitat, TV3, y por el ‘Govern’. Es extraño que Puigdemont, pudiendo, no haya visitado a ninguno de los 800 heridos que su Consejería de Salud asegura que atendió. Al día de hoy sólo hay dos ingresados (hubo cuatro), y la mujer que detalló una agresión brutal con connotaciones sexuales sólo tiene la mano inflamada, cuando había denunciado que los dedos fueron rotos uno a uno.

Pero las cargas existieron, y hay videos que reflejan la realidad de lo que sucedió el domingo.

Esto ha permitido a los independentistas la toma de la calle. Hay una rebelión institucional y hay otra, que es popular. No mayoritaria, pero siempre hay una vanguardia en estos procesos que terminan imponiendo su realidad. En la calle, son los bomberos de la Generalitat quienes van a abriendo las columnas de manifestantes, quienes cortan las calles y quienes evitan que haya asaltos violentos. Es lo que ocurrió ayer ante la comisaría general de la Policía en la Vía Laietana. A ellos se unen grupos de activistas muy bien organizados, muchos de ellos estaban en los llamados comités de defensa del referéndum, que fueron quienes trajeron las urnas desde Francia, las repartieron por la comunidad (en casas, básicamente) y las introdujeron en los colegios. Contaron con la colaboración de muchos padres y otros miembros de la sociedad civil.

De este modo, el siguiente paso es la declaración de independencia que, parcial o absoluta, será proclamada en el Parlamento autonómico un día festivo, el próximo sábado o domingo, de tal modo que una muchedumbre rodee la Cámara en señal de apoyo. Y de resistencia.

¿Y el Gobierno de España? El Estado ya ha gastado uno de sus principales recursos: el discurso del Rey, un mensaje valiente y arriesgado con el que Felipe VI ha comprometido a la institución. Pero la acogida entre los alcaldes del PSC no ha sido buena y la del PSOE ha echado en falta alguna apelación al “diálogo”, palabra icónica ahora en el conflicto, como en su día fue el derecho a decidir.

Rajoy tiene previsto actuar cuando se produzca la declaración, tiene a su disposición el artículo 155 y la más expeditiva Ley de Seguridad Nacional, que le permitiría nombra a un coordinador que asuma las funciones administrativas en Cataluña ante una situación de riesgo para el país. Claro, pero esto es algo que también presupone el ‘estado mayor’, de ahí que en estas últimas horas van a movilizar a la calle y a dar pasos confusos, intermedios, en cuanto a la proclamación. Esperar será un error porque el Govern se podría adelantar con unas elecciones autonómicas, que serían constitucionales en su futuro Estado. ¿Habría que prohibirlas? ¿Suena la historia? Y, así, paso a paso, ganarán la batalla definitiva.

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