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España

Los argelinos superan a los marroquíes y lideran la inmigración irregular en el sur de España

  • Uno de cada tres 'sin papeles' que desembarcó en Andalucía en lo que va de año zarpó desde Argelia

Foto de una lancha rápida procedente de Argelia distribuida por la Guardia Civil el 14 de mayo. Foto de una lancha rápida procedente de Argelia distribuida por la Guardia Civil el 14 de mayo.

Foto de una lancha rápida procedente de Argelia distribuida por la Guardia Civil el 14 de mayo. / Guardia Civil

Abdelmajid Bary, el terrorista británico de origen egipcio detenido en Almería en abril, no fue el único que llegó el mes pasado a las costas andaluzas en una lancha rápida que había zarpado de Argelia.

Desde principios de año y más aún con el confinamiento que provoca la pandemia, la inmigración irregular a España ha caído (-31,7%) como habían anticipado los estudiosos del fenómeno. Por primera vez, sin embargo, los sin papeles argelinos son más numerosos -1.699 entre el 1 de enero y el 19 de mayo- que los marroquíes (984) a los que superan nada menos que en un 58% por ciento, según el Ministerio del Interior.

Un tercio de los inmigrantes irregulares que desembarcaron en las costas de Andalucía y de Murcia hasta mediados de mayo son argelinos, aunque esa proporción cae al 25% con relación al conjunto de los llegaron a España durante ese mismo periodo. Su principal objetivo es la provincia de Almería a tan solo algo más de 200 kilómetros de la costa de Argelia. En lo que va de año también han llegado al sur de Italia, a través del Mediterráneo central, unos pocos más argelinos que marroquíes.

La cifra récord de argelinos proporcionada por Interior está, probablemente, algo subestimada. Ellos y los marroquíes tratan, a toda costa, de no ser detenidos cuando ponen pie en España porque, a diferencia de los subsaharianos, saben que corren el riesgo de ser devueltos a su país. Desde que empezó la pandemia y se decretó el cierre de fronteras las expulsiones han quedado, sin embargo, suspendidas.

Para Interior la sorpresa ha sido doble. No solo los argelinos son mayoritarios sino que además llegan directamente a Andalucía sin transitar por Marruecos, como lo hicieron años atrás, y en unas embarcaciones que nada tienen que ver con las pateras renqueantes en las que navegan los subsaharianos.

Son lanchas pequeñas, en las que no suelen viajar más de ocho pasajeros, pero equipadas con motores de 300 caballos que pueden alcanzar fácilmente los 40 nudos (74 kilómetros por hora) y tardar unas cinco horas en recorrer la distancia entre sus puntos de partida, al oeste de Orán, y de llegada (Cabo de Gata, Níjar, Carboneras y Mojacar), según informó la Guardia Civil el 14 de mayo en un comunicado. A esta velocidad es difícil interceptarlas. Como la embarcación es cara tratan de no abandonarlas en la costa sino que regresan con ella a Argelia para volverla a utilizar.

La Guardia Civil publicó ese comunicado para dar cuenta de que, en el marco de la operación Sidecar, había detenido a los 11 miembros de una organización criminal basada en Carboneras que en tan solo 48 horas logró trasladar de Argelia a Almería a 126 inmigrantes, incluidas mujeres embarazadas y menores. Habrían pagado entre 2.000 y 2.500 euros por la travesía. Se incautó además de nueve embarcaciones, cinco en la misma costa y cuatro en alta mar, dos de ellas cuando regresaban de vacío a Argelia.

“El fenómeno migratorio argelino no me extraña”, señala Iván Martín, profesor en el máster internacional de migraciones de la Universitat Pompeu Fabra de Barcelona y autor de numerosos artículos sobre Argelia. “Argelia atraviesa muy malas horas económicas y con perspectivas aún peores con la caída del precio de los hidrocarburos”, prosigue.

“A eso se añade, las malas horas también políticas por la frustración generada entre la población cuyas 53 semanas de protestas masivas sirvieron de poco porque el régimen fue capaz de reinventarse”, concluye. Por tosas esas razones Martín sospecha que la avalancha de argelinos no es solo coyuntural.

Los hidrocarburos, principalmente el gas, suponen en Argelia el 93% de los ingresos por exportaciones y el 60% del presupuesto del Estado. Su precio ha caído entre un 20% y un 30% hasta el punto de que el Banco Mundial prevé que este año la recaudación de la Hacienda argelina disminuirá un 21,2% y el déficit presupuestario será del 16,3% del PIB, pese a un recorte de la inversión pública del 9,7%.

El problema no es solo la caída del precio sino que los clientes de Argelia, como la española Naturgy, dan la espalda a los contratos firmados para abastecerse a mejor precio en EE UU y Rusia. Pese a que dos gasoductos enlazan a Argelia con Andalucía, sus ventas de gas licuado (GNL) a España se redujeron un 30% en lo que va de año mientras que las de EE UU, que llegan por barco, aumentaron un 467% convirtiendo a este país en el primer proveedor.

Cuando a mediados de los años noventa una guerra civil larvada asolaba Argelia, en capitales europeas como París, Madrid y Roma se temía que un triunfo de los islamistas en armas provocase una huida masiva hacia Europa de una parte de los habitantes del país más poblado del Magreb. El Ejército les derrotó y no hubo tal éxodo. Un cuarto de siglo después empieza, sin embargo, a resurgir la misma preocupación, pero ahora relacionada con la crisis económica y la persistencia en el poder de un régimen que no atendió las reivindicaciones de los millones de argelinos que en 2019 se echaron a la calle todos los viernes.

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