España

Las vueltas que da la tortilla

MALOS tiempos para las certezas. El fin de la Historia -ese triunfo definitivo de las políticas y economías neoliberales que predicó con multitudinario asentimiento el politólogo estadounidense de origen japonés Francis Fukuyama hace 16 años- ya no está claro, que la vida da muchas vueltas y este socializado terremoto financiero (temblamos los pobres como los ricos) periclita los cimientos mejor anclados. Un monstruo que está evidenciando que el pensamiento político no tiene por qué haber dicho amén, que la humanidad -aunque deban pasar otros dos mil años- ya encontrará la manera de impedir que el bienestar de los unos suponga la miseria de los otros. Sin olvidar que al juzgar a los demás hay que tener en cuenta las posibilidades que han tenido de desarrollar sus capacidades, que a buen seguro hay sujetos en taparrabos con inteligencias muy superiores a las de muchos revirados que se pavonean por el asfalto con mitad de cuarto de talento y conocimientos.

¿A qué viene esto? Valga para destilar algo de perplejidad ante algunos de los acontecimientos que salen calentitos del horno de la actualidad.

Unos, prosaicos, como Mariano Rajoy pidiendo ahora a Zapatero que lance mensajes positivos a la atribulada ciudadanía. Viniendo de donde viene la propuesta -de un antiguo profeta del apocalipsis patrio-, te quedas a cuadros.

Otros, falaces: el Gobierno italiano dice que sus gitanos del Este se marchan a la "España permisiva". Como si no fueran las políticas xenófobas de Berlusconi más culpables del éxodo que las de Corbacho, que jalea hasta el PP.

Y los hay lacerantes, como el de la jefa etarra que sale de la cárcel para ser mamá, una reclusa privilegiada precisamente en aras del derecho a la vida que tanto ha pisoteado, al menos por omisión.

Decía Virgilio que la única salvación de los vencidos es no esperar ninguna salvación. Trabajadores, inmigrantes y víctimas de ETA pasan del poeta romano. Y de Fukuyama, posiblemente.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios