Feria de Jerez

La Feria aprieta pero no ahoga

Sábado de Feria. Penúltimos catavinos para cerrar la fiesta. El esófago alicatado de fino, jamón y albero. Demasiado albero. Los bronquios suenan como el tubo de escape de un coche polaco. La jaqueca se ha mudado a la cabeza y habrá que deshauciarla a base de espidifen o paracetamol. El colon se retuerce pidiendo a gritos otros sobrecito de nuestro gran amigo del Almax. El organismo humano cuenta con un intrincado sistema neuronal de enorme complejidad que nos avisa cuando nos pasamos seriamente de la raya. Pero lo peor de todo es que en ocasiones cerebro y corazón, dos grandes compadres a la hora de irnos de juerga, van a su rollo. Sin más. Porque sí. Tal es la cosa que unos cuantos irreductibles, e insensatos, ya tienen puesto incluso el 'chip Rocío'.

¿Tobillos hinchados? No hay dolor. ¿Le duele hasta el alma y tiene los pies como dos planchas Princess? No hay dolor. La cosa aguanta, y eso que a más de uno le pegaban fuego hoy y se llevaba otros siete días ardiendo. Pero para arder, la Feria. No hay nadie a estas alturas que parta desde la pole en esta carrera de cien mil vueltas que no soportaría ni Fernando Alonso en sus mejores tiempos.

Ayer fue día de Levante pegajoso y más de uno anduvo con los cables crusaítos. Eso sí, sin malos rollos. Venga naturales y medias verónicas. Unos, midiendo las calles del Real, de lado a lado; otros, agarrándose la chaqueta y dando pases de pecho a todo quisque. También se vio a alguno que otro abrazado al metal de los pinchitos morunos emulando a un banderillero. La Feria, como la vida, también es sueño. Tarde de toros en el Hontoria y noche mágica de vestidos largos. Otro llenazo. A pesar de la saturación, volvió a haber hueco donde posarnos.

Los niños vuelven a pedir euros para 'cacharritos'. La cartera tiene ya más mala cara que Marco el día de la madre. Una festividad, por cierto, que se celebra hoy, el día perfecto para acudir a última hora por las tómbolas, conseguir un buen regalo para mamá y pasar página de este vía-crucis que tanto nos gusta una vez al año. Porque como diría Tomasito, "no me lo puedo creer que no te guste el vino ni los cantes de Jerez".

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios