Lunes de Feria · La crónica

Un día para tomar medidas

  • Jornada con mensaje doble: muchos fueron al Hontoria a cogerle el ritmo a la fiesta, aunque habría que pensar seriamente si se da a los visitantes lo que tanto se promete

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LOS lunes de Feria del Caballo es lo que tienen: que son más sosos que un centrocampista alemán en un equipo brasileño. Quien suscribe siempre ha tenido la mala costumbre de entrar en la Feria temprano, lo que supone un ejercicio de masoquismo en toda regla pues los palos de ese sombrajo que uno se ha ido levantando en los días previos se derrumban en cuestión de segundos.

Al borde de las dos de la tarde, a las 13,50 horas exactamente (llámenme agonías, lo merezco) el Hontoria era algo así como un 'recinto erial' en el que hasta los gitanos de la venta ambulante se refugiaban del calor bajo la sombra de los árboles más frondosos cerca del templete de González Byass. Estoy completamente seguro de que si en aquel momento se hubiera comparado el número de españoles respecto al de extranjeros, a buen seguro que el porcentaje de estos no habría bajado del 40%.

Todos, absolutamente todos los foráneos preguntaban por una cuestión fundamental: ¿dónde están los caballos? Y es que la Feria de Jerez debería hacerle mucho más caso al noble bruto, intentar que tuviera presencia a diario. A fin de cuentas es lo que se vende a esa clientela, que es la que irá por esos mundos de Dios proclamando las bendiciones y miserias de esta fiesta. Si para ver un caballista hay que esperar a mediados de semana mal vamos. Conformarse con unos carruajes cortitos, mejor darse una vuelta por el centro.

En lo que respecta a las casetas destacar que, para empezar, estaban los 'jartibles' de siempre, ese grupúsculo de irreductibles entre los que se encuentra servidor y unos cuantos buenos amigos que, libreta o cámara en ristre, cogían fuerzas para narrar cuanto acontece sobre el albero.

Por los paseos se podía andar sin otro mayor problema que buscar la sombra porque la calorina fue realmente espectacular. Al borde de las cinco de la tarde los termómetros rondaban los 35 grados con el agravante de que apenas corrió ese 'rico' poniente que este fin de semana ayudó a refrescar el ambiente. En el interior de algunas casetas (sobre todo aquellas que no están equipadas con vaporizadores o aire acondicionado, que las hay) el calor sobrepasó los 40 grados con creces. Menos mal que para los dos próximos días se dan varios grados menos que al menos sirven de relajo.

No se puede olvidar que ayer fue el día de los mayores. Encomiable sin duda la labor asistencia del Hospital San Juan Grande, que desplazó a decenas de ancianos al Real para que disfrutaran de la fiesta. Resulta gratificante ver cómo se esfuerzan para que, a pesar de sus graves problemas de movilidad, los ancianos puedan estar presentes en la Feria. En la Caseta de los Mayores, igualmente, numerosísimos ancianos de la zona urbana y rural de la ciudad se dieron cita.

En lo que respecta a la agenda prevista para hoy, no pierdan de vista la zona de atracciones, donde se celebrará la primera de las dos jornadas previstas como 'Día de los Cacharritos'. Toca montarse.

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