XXIII Festival de Jerez | Crítica 'Sin permiso. Canciones para el silencio' Deconstruir su realidad

Imágenes del espectáculo 'Sin permiso' de Ana Morales Imágenes del espectáculo 'Sin permiso' de Ana Morales

Imágenes del espectáculo 'Sin permiso' de Ana Morales / foto © Miguel Ángel González (Jerez)

Ana Morales se reencuentra consigo misma en ‘Sin permiso. Canciones para el silencio, una obra autobiográfica elaborada durante año y medio gracias al proyecto residencia entre Festival de Jerez, el de Londres y Düsseldorf y donde muestra los porqués de determinadas situaciones de su vida cotidiana.

Nacida en Barcelona, Ana descubre que está unida a Andalucía, una tierra a la que está interconectada mediante su padre, y cuyas raíces van más allá de lo que aparentemente cree.

Ese será el argumento de un espectáculo, cuya dirección de escenografía firma Guillermo Weicker, con una cálida iluminación, metafórico, envuelto en la constante incertidumbre y donde la artista va desechando capas hasta conocerse a sí misma (el vestuario así está concebido).

Evidentemente, lo hace mediante un lenguaje corporal, aunque a lo largo y ancho del montaje, de una hora y veinte minutos, va transmitiendo sensaciones, siempre con conversaciones no verbales, que unas veces se efectúan a través del baile y otras con la música.

Para ella, no hay mejor vehículo que el baile, donde despliega un trabajo coreográfico imponente, pues deambula con bastante suficiencia, y en plena libertad, por la danza contemporánea y el flamenco. Baila con bata de cola, se ‘viste’ de hombre para hacer una seguiriya muy varonil, se aflamenca por rumbas e investiga por otros conceptos dancísticos más actuales.

Su contrapunto será José Manuel Álvarez, un bailaor al que ya hemos visto con Marco Flores (’Entrar al juego’ y ‘Laberíntica’) y que destaca por su buena presencia física y por su porte masculino y elegante.

Todo ello se asocia bien con la música, con protagonismo de lo electrónico y la percusión, a cargo de Daniel Suárez, pero también con la voz de Juan José Amador, que una vez más ofrece su cara más polifacética, pues además de cantar, toca la guitarra e interpreta. Se autoacompaña por serranas, canta por sevillanas, por rumbas y recuerda a Lole y Manuel (en otro guiño de Ana Morales a su pasado) en las bulerías.

No obstante, si hay un narrador en esta obra es la guitarra de Juan Antonio Suárez ‘Canito’, imponente una vez más. Canito otorga esa atmósfera de misterio necesaria para que discurra la historia. Es una especie de banda sonora que mide la tensión de la escena, y que ayuda a Ana Morales a convertirse en camaleónica.

Todo tiene una significación pero todo conduce a un mismo punto, deconstruir su realidad, esa realidad que ya no es la que pensaba, pero que no esconde, que quiere compartirla con el público. Para ello tendrá que sufrir y recordar, algo que efectúa mediante un viejo abrigo, porque ya se sabe, vivir es recordar.

Ana Morales- Sin permiso. Canciones para el silencio from Festival de Jerez Televisión on Vimeo.

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