XXIV Festival de Jerez

Egolatría destruida

Juan Diego y Belen Maya en Sala Paul

Juan Diego y Belen Maya en Sala Paul / Manuel Aranda

El montaje de Juan Diego Mateos y Belén Maya, presentado ayer por la tarde en Sala Paúl y que hoy ofrece una segunda sesión, refleja claramente la situación actual de la bailaora, pues defiende, una vez más, un proceso creativo en construcción que en ocasiones no llega a ser lo claro que se espera. Juan Diego se muestra en su línea, con una guitarra delicada y pura, propia de un ser que brota sensibilidad en cada gesto.

Belén por su parte, se desenvuelve con una alta carga dramática pero sin realizar ningún baile al completo. Se pasa buena parte del tiempo doblando y cambiándose de ropa. A partir de pequeñas piezas bien hilvanadas disfrutamos sobre todo del sonido que sale de la guitarra, mantenemos la atención en todo lo que hace la bailaora pero por momentos, reconocemos, que nos despistamos.

En ‘Ni tú ni yo’ se abre el espacio hasta el público, que juega un papel fundamental ya que, como anécdota divertida, Belén baja del escenario en uno de los números para pelar unas frutas, que más tarde reparte para que las prueben. Querían contarnos, desde la sensibilidad y la sencillez, las distintas etapas por la que el ser humano pasa, desde la noble niñez a la conflictiva juventud, llegando a la madurez en la que el ser se vuelve pleno. La acción sucede en dos mitades, cada una de ellas compuestas por tres movimientos, y cada movimiento tiene su particular mensaje.

En esta ocasión no vemos a una guitarra que acompaña al baile, aunque tampoco toma el protagonismo. Del mismo modo, no disfrutamos de un recital de baile en el que la guitarra sirve de apoyo. Los dos figurantes conforman un todo, alejándose cada uno de ellos de la dañina egolatría. Nos dicen antes de empezar que tras el espectáculo habrá un coloquio con el público, entendemos que para explicar algunas cuestiones o para intercambiar sensaciones. Utilizan elementos como el espejo o una voz en off para explicar llanamente el guión que da continuidad al mensaje.

Mientras, Juan Diego sobresale en el toque por taranta, seguiriyas, soleá, sevillanas (en las que incluso baila con guitarra en mano), bulerías y algunos cortes de su disco Bedallama. Todo va transcurriendo ante el poco peso del baile y la ausencia total de cante, lo que frena el entretenimiento y la intensidad, en definitiva, la emoción.

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