XXV Festival de Jerez Un ejercicio de madurez

Un momento del espectáculo en el Villamarta.

Un momento del espectáculo en el Villamarta. / Manuel Aranda

Con apenas 22 años apareció por primera vez Fuensanta La Moneta en este Festival que ahora cumple 25 primaveras. Desde aquel 27 de febrero de 2004 han pasado 17 años, lo suficiente para que la granadina, como todo en la vida, haya evolucionado y crecido como artista. En todo este proceso la hemos visto bailar con visceralidad y fuerza sin guión alguno, pero también, en los últimos tiempos, girar en torno a su propio concepto, a veces con acierto otras no tanto.

Pero como nunca la habíamos visto era en el rol demostrado anoche con el estreno de ‘Frente al silencio’, el de una total madurez que exhibe de principio a fin, demostrando que seguramente atraviese el mejor momento de su carrera.

Y eso que no es fácil, porque en este nuevo montaje, en el que cuenta con el apoyo escenográfico de Sara Molina, de amplia experiencia teatral, La Moneta no ha escogido precisamente una temática sencilla pues a través de un poema de Félix Grande (‘La cabellera de Shoa’)crea una dramaturgia (destaca también la cuidada iluminación) basada en la experiencia del escritor emeritense en los campos de concentración nazi, concretamente de su visita a Auschwitz.

En los tiempos que corren, en los que la sensibilidad, con esto de la pandemia, está a flor de piel, la artista de Granada consigue plasmar toda esa angustia y deshumanización que plantea el poeta a través de su baile, pero esta vez desde la calma y la experiencia que le dan los años.

Son cuatro los movimientos en los que se estructura la obra, y tras un comienzo inquietante y especialmente lento, en el que la percusión de Agustín Diassera maneja los tiempos, La Moneta va poco a poco afianzándose en la escena, primero por seguiriyas, esta vez con el clarinete del virtuoso Diego Villegas como hilo musical conductor (original la escobilla que plantean ambos), en segundo lugar, por tangos y farruca, quizás lo mejor de toda la noche, con Jeromo Segura y Alfredo Lagos en la brecha, y finalmente por malagueñas, granaínas y tarantos, esta vez con Lagos como apoyo musical mayoritario.

El relato sobre el que transcurre todo no desvirtúa el baile, todo lo contrario, Fuensanta va soltando capas y capas sin perder su esencia, demostrando que hoy por hoy sigue siendo una de las mejores bailaoras del panorama flamenco.

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