La crítica

Fuerza y raza, sabor jitano'

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 Cuando aparece la palabra gitano en un espectáculo como  principal reclamo todo hace indicar que la naturalidad y la pureza se harán presente en el escenario. Y es lo que se percibió en la Sala Paúl con el espectáculo del onubense Antonio Molina ‘El Choro’, quien derramó poderío con una expresión artística clara, mostrar sus credenciales con un buen braceo y con unos mejores pies. 

Sin apenas un hilo argumental, el transcurrir de la acción denota destellos de grandeza, de seguro por la mano en la coreografía de Rafael Estévez. La sala se encontraba llena, y el público respondió de manera contundente, satisfecho. 

En la terna de cantaores encontramos a tres habituales en los espectáculos de bailes: Pepe de Pura, con más sosiego en el hacer; Moi de Morón, todo fuerza; y Jesús Corbacho, con una musicalidad latente. 

Ellos fueron los guías de un bailaor hecho y curtido, con buenas hechuras y seguridad en el escenario, de los que saben mandar. Dio un viaje por estilos dancísticos históricos, tales como las bulerías que dejó Pastora Pavón ‘Las Niña de los Peines’ o las chuflas de Garrido de Jerez. A partir de entonces, se gustó por alegrías en la voz y guitarra, a la par, de Jesús Corbacho.

Sin duda, una parte fundamental de este espectáculo es Gema Moneo, bailaora jerezana que se ha ganado a pulso estar en la muestra de su tierra en solitario en próximas ediciones, aunque en esta ocasión ha tomado bastante protagonismo por su saber hacer. Moneo es un diamante en bruto que destaca por su raza y flamenquería, perfil idóneo para representar el espectáculo del que hablamos, titulado ‘Aviso: bayles de jitanos’. 

Las dos figuras de la tarde formaron un perfecto binomio en momentos de brillante comunicación, caso de los tangos extremeños. Gema llegó a cantar en solitario sorprendiendo al respetable. Como dice el refrán: “de casta le viene al galgo”. El vestuario de ambos también estuvo a la altura y muy acorde a la idea a representar. Al igual que los guitarristas, Jesús Guerrero y Juan Campallo, y la percusión de Paco Vega que forman parte de un equipo de altura. 

Sobresaliente cuando se introdujo en los jaleos y grandioso en la soleá. Pepe de Pura se desgarró en las tonás, brutal.

 Es de justicia destacar la entrega del público que respondió con una larga ovación e insistentes palmas a una propuesta que centra toda su fuerza en la energía, la esencia y el sabor de aquellos bailes que marcaron una época, la del silo XVIII y, que desde entonces han marcado a las nuevas generaciones.

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