Festival de Jerez

Libertad incondicional

Tomasito, que ya es perro viejo, ha visto algo en Los Delinqüentes que le fascina, quizá un espejo en el que reflejar su frenética inquietud. El dúo jerezano formado por el Canijo y el Ratón, por el contrario, puede que haya encontrado en las diabluras del Fino la horma de un zapato musical en el que les cabe casi de todo. De esta berza con pringá a base de chorizo y morcilla, el picante de Los Delin y la sangre sin carne de Tomás, no pudo más que salir algo muy potente en la madrugada de ayer, tras casi dos horas de sesión alucinógena en una Sala Paúl con cartel de sold out. Ni el pésimo sonido, saturado al máximo, impidió vibrar y brincar al son que impuso el contagioso ritmo de los temas 'infusionados' de ambos protagonistas. La premisa siempre pareció ser la misma: disfrutar sin prejuicios en una noche en la que el flamenco aparecía de tarde en tarde en letras que evocaban, por ejemplo, el ánge del difunto Tío Chano, como al entonar el Oh mare que le escribió Madriles para su álbum debú. Zapateado de don Tomás ante un par de espinosas chumberas secas como la mojama. La rana Gustavo colgada de un micrófono y el Canijo, a lo Jack Sparrow, dando pie a Pirata del estrecho, uno de los temas más sonados de 'Bienvenidos a la época iconoclasta', último trabajo de estudio de Los Delinqüentes.

La banda estuvo en general meteórica, aunque los punteos de Cintado, al bajo, y Gómez, a la eléctrica, sonaron una vez más atronadores. Lo mejor de cada casa, incluida parte de la banda del ratón, al servicio de un directo sin cortapisas, con la bandera de la libertad sin condiciones ondeando al viento. A ver quién los frena diciendo que lo que hacen no es puro. No es verdad. ¿Y qué diablos es lo puro? ¿Lo que digan los flamencólicos nefríticos, los puristas del alcanfor? No gracias. Marcos, Diego y Tomás acuden a lo que les une antes que a lo que les separa.

Con esa actitud tan inteligente, tan instintiva, receptivos siempre, intercambian fluidos musicales y letras propias. De Y de lo mío, ¿qué?, la trastada discográfica cumbre del 'niño robot', rescatan La vida está mu mala (por cortesía de Kiko Veneno), Los consejos de mi pare y Rumba del revés. Del trabajo histórico 'garrapatero', entresacan un puñado de himnos: A la luz del Lorenzo, El aire de la calle, Después, La primavera trompetera, Quítate la ropa...

Empiezan a echarle papas de verdad en los bises, en el tramo final de desfase total, en los que el Canijo incluso se pasea sobrevolando al público o filma a Tomás con una vídeo-cámara mientras éste lo parte todo con Camino del hoyo. Del G-5, esquizofrénica experiencia musical compartida e inmortalizada en un disco antológico junto a Veneno y Muchachito, pillan El cheque y El vino y el pescao. La gente salta como nunca en este Festival. Veo a compañeros de la crítica dando botes, contagiados por el virus Garrapatomasiteando, de perniciosos efectos en el esqueleto. Nadie quiere ir desfilando todavía por la puerta de salida.

Tomás Moreno, a pecho descubierto como los otros dos enfant terribles, se va un poquito por bulerías 'torrontroneras'. Nos arrastra con su marea de compás, con el soniquete de la llaga dolorida. En Paúl llegaron a estar los lecos de Triana, los Smash, Pata Negra, Veneno, Los Mártires, Los Planetas... Flamenco underground en la ciudad del arco iris para un concierto alimenticio y revitalizador. Pura energía derrochada por tres descomunales artistas de escenario. Tan capaces de deconstruir lo flamenco como de activar una corriente eléctrica inagotable. El Festival, una vez más, modélico ejemplo de eclecticismo y ambición por buscar nuevos públicos.

Voces: Tomás Moreno 'Tomasito', Marcos del Ojo 'Canijo', Diego Pozo 'Ratón'. Guitarra eléctrica: Jorge Gómez. Bajo: Ignacio Cintado. Resto de ficha técnica no facilitada por la organización. Día: 12 de marzo. Lugar: Sala Paúl. Aforo: Lleno.

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