La crítica

Maestros y emblemas de Cádiz

  • Felipe Scapachini y Juan Villar mostraron su sapiencia en cada una de sus intervenciones

El Palacio de Villavicencio fue el epicentro de un recital de los de antaño, historia viva del cante de Cádiz. Felipe Scapachini y Juan Villar mostraron toda su sapiencia en cada una de sus intervenciones, tablas de sobra para no aburrir al público y para representar una forma de cante, la de Cádiz y los Puertos.

A pesar de tener el mismo denominador común, cada uno de ellos mantiene una forma distinta de interpretar los cantes. Scapachini se acerca más a los sones de Aurelio Sellés, Manolo Vargas, Pericón y Chano Lobato. Villar, por su parte, continúa los estilos del Chaqueta, Alfonso de Gaspar y la saga de los Jinetos.

Cambiando un poco la puesta en escena, ambos artistas se subieron a la vez al escenario, y al alimón fueron conduciendo el recital entre cante y cante. Fue la guitarra del jerezano Pedro Carrasco 'Niño Jero' la que puso el soniquete. Único, excelente y lleno de compás. Un compás que él ha creado y que se ha convertido en santo y seña de la sonanta de Jerez.

Los tres bien enchaquetados pusieron toda la carne en el asador y consiguieron impregnar de arte las paredes del Palacio de Villavicencio. Este par mantiene la solera de Cádiz, dos de los pocos que han quedado de esa generación que se paseaba por todos los festivales veraniegos y las peñas del territorio nacional.

Fue Juan Villar quien rompió el hielo por soleá. Durante todo el recital se mantuvo un ritmo de calma, no contaron con más palmas que las suyas propias. Drisfrutar del cante de Juan es un auténtico placer, tiene un eco íntimo y un sabor legendario. No son artistas que suelen hacer acto de presencia por Jerez, por eso algunos jerezanos no quisieron perderse la cita.

El barrio de la Viña se trasladó al escenario cuando Felipe Scapachini se empleó a fondo por tientos. Apaciguado, se desenvolvió sin problemas, el público reaccionaba favorablemente, lo que presenciábamos no tenía nada que ver con otras propuestas.

Llegó el turno para Villar con una tanda de fandangos naturales con algunos sones caracoleros. No son ninguno de los dos chavales que manejan una voz portentosa pero saben cómo graduarla para llegar al pellizco. Se fue caldeando al ambiente, sobre todo cuando Niño Jero hacía de las suyas.

Scapachini cogió el relevo de su homónimo y representó el estilo por antonomasia de su ciudad: las alegrías. El aire de la Caleta se hacía dueño por momentos del lugar. No hicieron falta palmas acribilladoras para sentir la esencia de la 'Tacita de Plata'.

Sin la presencia de megafonía sus voces sonaron en todo momento como si la hubiera. Con más sentimiento si cabe, pusieron el alma en cada tercio. Son dos grande figuras que han conocido muchas épocas del flamenco y saben habituarse a cualquier espacio.

Por tangos siguió Villar. Se acordó como es habitual en él de la Niña de los Peines. Además, no hace falta tirar de repertorios ajenos sino que él ha creado su propia forma de hacerlos, letras distintas con resultados espléndidos. Este momento fue de lo más sobresaliente de una tarde con bastante nivel.

Las malagueñas del Mellizo no podían faltar en una tarde gaditana. Fue Felipe Scapachini quien homenajeó al creador más importante que ha tenido Cádiz en el mundo del flamenco.

Cerraron los dos por bulerías, claramente Juan tiene mucho más que aportar en este estilo, personalidad a raudales y por supuesto, aprovechó para recordar a otro genio de Cádiz, su tío Alfonso de Gaspar. Scapachini lo hizo con Chano Lobato y Niño Jero nos regaló momentos de genialidad y prestigio, un autentico maestro del compás jerezano.

Los Conciertos de Palacio

Juan villar - Felipe Scapachini

Cante: Juan Villar, Felipe Scapachini. Guitarra: Pedro Carrasco ‘Niño Jero’. Día: 04 de marzo 2014. Lugar: Palacio Villavicencio. Aforo: 3/4 de entrada. 

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