XXV Festival de Jerez Orgullo de Andalucía

Úrsula López, durante la coreografía que José Antonio homenajeó a Carmen Amaya.

Úrsula López, durante la coreografía que José Antonio homenajeó a Carmen Amaya. / Manuel Aranda

En un día marcado por el fallecimiento de José Manuel Caballero Bonald, fue Isamay Benavente, la directora del Festival, quien pidió un minuto de silencio para honrar al escritor jerezano, un minuto que se tornó en aplausos por parte de todo el teatro cuando ‘El Gómez de Jerez’, desde su clásico lugar en el patio de butacas gritó a pleno pulmón: ‘Un aplauso para Caballero Bonald’.

Fue el punto de partida de este repaso a los 25 años de vida del Ballet Flamenco de Andalucía, un repaso traducido a espectáculo, estrenado en noviembre de 2019, y que puso en escena un total de nueve coreografías, cada una de etapa distintas del ballet.

Porque si hay algo que ha destacado a esta institución desde su nacimiento en 1994 ha sido la riqueza coreográfica y artística, no en vano por su dirección han pasado auténticos emblemas de las últimas décadas, maestros que han dejado su impronta y horas de trabajo para la posterioridad.

Así lo comprobamos a lo largo de la hora y cuarenta minutos que dura el montaje, que arranca con Réquiem, aquella creación de Mario Maya que inició la primera etapa del ballet, una coreografía cargada de emoción y donde Diego Llori, artista invitado, añade un toque de calidad, ejecutando aquel célebre papel del jinete-caballo. Una maravilla.

Pero para llevar a cabo todo ese recorrido, encontramos a un ballet muy bien trabajado, y con una limpieza escénica notable, reflejo real del día a día constante al que está sometido. Es pues el resultado de la aportación de su actual directora, Úrsula López, que a pesar de las dificultades que esta institución arrastra de un tiempo a esta parte, ha demostrado con creces su valía y sus cualidades para mandar.

Lo hace también en sus apariciones, implicándose y demostrando que no sólo tiene tablas para dirigir, sino talento para salir a escena. De hecho, la bailaora interpreta una caña en su particular homenaje a Ana María Bueno, y posteriormente, con ese recuerdo que José Antonio hizo a a Carmen Amaya con una larga bata de cola blanca, que la cordobesa mueve con soltura.

Dentro de esta completa selección de coreografías, encontramos también la ‘Fantasía del cante jondo’, con la inconfundible voz de Enrique Morente, creada por Javier Latorre, o el ‘Viaje al sur’, de Cristina Hoyos, donde cobra protagonista otra de las artistas invitadas, Rosa Belmonte.

Llamativa es también el ‘Llanto por la muerte de Ignacio Sánchez Mejías’, de la etapa de Rubén Olmo, y donde Cristian Lozano vierte a borbotones su galantería y su empaque manejando la capa y el capote con maestría.

Con una banda sonora mitad en directo, mitad grabación, no hay que olvidar el buen papel de su elenco musical, con Vicente Gelo y Sebastián Cruz, al cante, y las guitarras de Pau Vallet y Juanma Torres, que ponen el broche final con la coreografía ‘Con permiso, más’, de Úrsula López.

El público despidió encantado al BFA, un orgullo para la región y que debería estar más apoyado y mejor tratado por los gobernantes.

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