XXV Festival de Jerez Triángulo abierto

Juan Carlos Avecilla, en un momento del espectáculo.

Juan Carlos Avecilla, en un momento del espectáculo. / Manuel Aranda

El bailaor chiclanero Juan Carlos Avecilla estrenó en la tarde de ayer ‘Equilátero’, propuesta con la que celebra su puesta de largo en solitario en el Festival de Jerez tras haber estado presente en otras ediciones con distintas compañías como la de María Pagés.

Pero estar solo ante el peligro es otra cosa y es más que necesario pulir todos los detalles para que no se caiga en errores de forma y estilo. Avecilla tiene el talento y conoce bien el escenario pero sí hay que reprocharle algunos aspectos subsanables para futuras ocasiones. El ritmo, las transiciones, la conjugación de elementos, la dispersión de sonidos…

Quiso demostrar en la hora de montaje los conocimientos adquiridos en su carrera profesional y lo hizo dividiendo su espectáculo en tres bloques bien definidos: el folclore, el baile flamenco más tradicional y, por último, el aspecto más contemporáneo y creativo de la danza. Cuando se pone a bailar, hace gala de sus amplios recursos técnicos así como de una personalidad gustosa en el escenario.

Así, esta creación triangular seduce más por el sentido del discurso artístico que por el envoltorio. Se apoyó fuertemente en un atrás marcado por la juventud y la compenetración aunque sí fueron demasiado guasones en el momento en el que el bailaor pasó de los iniciales estilos populares al son del pandero, cascabeles y crótalos, a las alegrías más salerosas.

Manuel de la Nina destaca, en ese momento en el que los cantaores a capela se reúnen alrededor de una mesa, copas de vino y brindis, por bulerías y taranto, más tarde lo hace por fandango. Bolita hace lo propio por soleá al golpe y por sevillanas, con fallito en la diadema, y Cristian de Moret, por tangos. La guitarra la pone acertadamente Miguel Pérez, y en la percusión manda Carlos Merino.

Para finalizar, suena la guitarra eléctrica del propio Cristian que además canta por seguiriyas para que Avecilla muestre su lado menos ortodoxo. Lo hace con una gran bolsa transparente con la que se envuelve por momentos, y con rodilleras. Luego se desprende de ella y se coloca la chaquetilla. Aunque parecen obvios sus diferentes ángulos artísticos, entendemos que este triángulo queda algo abierto, algo disperso, y que podrá cerrar una vez consiga algo de rodaje.

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