La crónica de Compañía · 'Fuente del Berro', Carmen Iniesta

Sin capacidad para la transmisión

Detrás de cada obra, cada montaje o cada espectáculo hay un gran trabajo, muchas horas de estudio y sacrificio buscando un reconocimiento. Partiendo de que eso está ahí, y de que todo el que sube a un escenario se le debe respetar, se debe hacer balance de lo que fue el estreno ayer de ‘Fuente del Berro’, el primer montaje en solitario de Carmen Iniesta.

La joven bailaora había preparado una propuesta cargada de sentimiento pues con ella pretendía repasar lo que había sido su vida, prestando especial atención a sus vivencias en el parque madrileño de Fuente del Berro.

Concentrada desde el primer momento, la sevillana trató de ganarse el calor del público del primer minuto hasta el último. Puso el alma en cada desplante, en cada paso, en cada movimiento, pero unas veces los nervios, otras la baja calidad de algunos de sus músicos y otras tantas su poca transmisión acabaron por convertir el montaje en algo insulso, y por consiguiente, restándole éxito.

Por alegrías, denominada la Familia, inició su espectáculo. Mantón y bata de cola de una vez y en el primer número no le beneficiaron en nada. Si bailar con bata de cola ya entraña una dificultad extrema, compaginar ambas cosas no tiene parangón. No salió mal parada del todo, pero sí se le vieron determinadas carencias y falta de identidad. Todo fue demasiado rígido.

Tampoco mejoraron las cosas en su aparición esporádica por los abandolaos, cante que introdujo con un solo de castañuelas (muy original, por cierto), ni en el cante por tonás, donde los cantaores mostraron un nivel bajísimo.

La mejor versión de Carmen Iniesta llegó con la composición musical ‘Paso a dos’, una adaptación de David Moñiz al tema ‘Rolls’, de la banda sonora de la película Les Valseuses. Con el violín como Celestina, la artista brindó al respetable pasos de gran belleza. La melodía se apoderó de ella. Brillante.

De ahí al final pocas cosas se pudieron destacar. Sólo el énfasis que irradió en cada aparición (sobre todo en los tientos tangos) salvó algo la situación. De cualquier forma, el ambiente estaba tan frío que todo pasó sin demasiados sobresaltos. A veces el baile no es sólo estudio y academia, también hace falta esa chispa que encandile al público o que despierte algún tipo de sensaciones, de lo contrario todo se vuelve hermético y sin alma.

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