Festival de Jerez

Los reyes de la fiesta más auténtica

Pepe Torres, en un momento de la fiesta. Pepe Torres, en un momento de la fiesta.

Pepe Torres, en un momento de la fiesta. / Manuel Aranda

Al entrar a la sala ya comprobamos que esto no es una actuación más. La fiesta ha llegado al Festival de mano de unos perfiles artísticos únicos que muestran lo que tienen, con sus imperfecciones y con la naturalidad que da una reunión de cabales.

El formato nos parece más que interesante aunque algunos de los integrantes del encuentro no son los mismos que en su día formaron parte del triunfal estreno en Bilbao. No hay escenario, solo un suelo acústico de pequeño formato que está rodeado por los propios artistas y el resto del público haciendo un coro inmenso.

Hay quien puede sentarse, otros se quedan de pie y algunos hasta se acomodan en el suelo. A las guitarras están José de Pura y un joven Rubén Lara, que le suena la guitarra de una manera deliciosa, y unos cantaores con sello propio. Esos con los que uno se queda hasta el amanecer. La idea es que la situación se desarrolle sin ninguna premisa, tan solo hay que dejarse llevar por los ritmos y el compás.

El flamenco viene de esto, de escuchar a los mayores de Morón como a Antonio Ruiz ‘El Carpintero’, por soleá y seguiriya, o a José Lérida por bulerías. Pero el que pone la fiesta bocabajo es Pepe Torres que levanta al público con esa identidad tan misteriosa. Tanto por soleá por bulerísa, como por bulerías a secas, escuchamos los olé a tiempo.

También destaca en este encuentro la cantaora sevillana Mari Vizárraga, con arrojo y un metal valioso que aprovecha Manuela Ríos para bailar, de traje rojo, dejando la técnica a un lado porque en la fiesta lo que ha valido siempre ha sido el arte. El más joven de la terna cantaora es Moi de Morón, en plenas facultades. Y para rematar, la elegancia personificada en el baile con Paco Vega que derrocha donaire en cada segundo que levanta los brazos.

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