XXIV Festival de Jerez

El tiempo como aliado

Luisa Palicio en Sala Compañia Luisa Palicio en Sala Compañia

Luisa Palicio en Sala Compañia / Manuel Aranda

A Luisa Palicio la hemos visto crecer con el Festival. En el año 2015 se hizo con uno de los galardones más destacados de la muestra, el Revelación, y desde entonces su trayectoria ha ido avanzando paulatinamente. Sin perder un ápice de la fragancia que la caracteriza, hemos comprobado en esta ocasión su acercamiento al lenguaje más actual por el que pasa el baile, que exige un guión con ese toque conceptual. No obstante, Luisa mantiene su frescura y su personalidad. Cuenta para este estreno absoluto con el apoyo en la producción de la Fundación Cristina Heeren.

Presentó en Sala Compañía, ayer tarde y dentro del ciclo ‘Con nombre propio’, la obra ‘Tempus’ en la que juega un papel fundamental el aquí y ahora. Junto al cante de Javier Rivera y Ana Gómez, la bailaora nos introduce en una especie de reloj, en una dimensión de color sepia en la que prefiere aliarse con el tiempo plantándole cara. En una misma escena ocurre todo y, desde primer momento, el repertorio en letra y música va en relación con el mensaje. Por ello, quizá, se nos alarga la propuesta en exceso. Creemos que la última parte es algo densa ya que la intensidad del principio se aleja de la cadencia final.

El elenco se muestra compacto, literalmente, por el pequeño espacio que ofrece el escenario. El piano, del prestigioso Alejandro Cruz, se hace dueño de las transiciones no dejando hueco al silencio que solo aparece al final, roto por los aplausos del respetable. Por aires de Cádiz, bulerías y alegrías, comienza a relucir el cronómetro. Con bata de cola y mantón, de tonos bronceados, Luisa derrocha magisterio y ofrece su perfil más clásico. Allí mismo, en un rincón de la escena en el que ha montado una especie de improvisado camerino, acude para cambiarse de atuendo. Más bien, se pone cómoda. Utiliza un sombrero negro para ejecutar los tanguillos. Todo gira, todo vuelve, todo está interconectado.

La personalísima voz de Ana Gómez envuelve el relato de poderío y reivindicación. Su garganta domina y se para el tiempo, que encarna el bailaor y coreógrafo Alejandro Rodríguez. Él se mueve a su antojo, persigue a la protagonista, le agobia, le vuelve a dar espacio, parece un péndulo en el aire, incluso baja del escenario para persuadir al público. Ella, por su parte, es capaz de salir de esa espiral en la que el tiempo marca cada segundo, cada minuto... a veces parece imposible, pero Luisa gana la batalla y consigue salir vencedora.

Durante la gala destaca la consistencia del juego de luces, el toque brillante de Jesús Rodríguez, y la oportuna percusión de David Jiménez ‘Chupete’.

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