'Esto no es Berlín'

Carlos contra el mundo

Un momento de 'Esto no es Berlín' Un momento de 'Esto no es Berlín'

Un momento de 'Esto no es Berlín' / M. H.

La película arranca con una pelea de bandas adolescentes en la que, entre polvo y puñetazos, un joven participa sin mucho interés pero saliendo finalmente indemne. A continuación, sobre la cámara valiente de Alfredo Altamirano, conocemos a Carlos (Xabiani Ponce), un estudiante de instituto con querencia por la robótica en el México de los 80 en búsqueda de una vía para expresar sus inquietudes dentro de un entorno deprimido. Con una madre enganchada a los ansiolíticos y un amor platónico que apenas repara en él, sólo un tío cercano y un compañero de clase suponen opciones de aire fresco. Será con este último que iniciará un proceso de descubrimiento del mundo underground, donde toma contacto con las drogas, el sexo y el arte.

Sama dispone al espectador a seguir la ruta de Carlos en su incursión en una guerrilla artística y en las drogas, acompañándolo en su mezcla de admiración y temor ante un mundo más oscuro y fascinante que su rutina de quehaceres. “Hay que expandir la conciencia del que hace, pero también del que mira”, resalta uno de los líderes de la guerrilla. Pero Sama no lo logra del todo.

Pese al afinado libreto, por momentos el conjunto resulta plano. La película funciona mejor cuanto menos discursiva, al contrario que en el Martín (Hache) de Aristarain, con el que guarda ciertas conexiones. Adolece el film de severas caídas de ritmo y de una tímida transgresión (formal y de contenido) que se revela finalmente tibia y convencional. Con todo, resulta un interesante discurso sobre la búsqueda de la identidad, particularmente afinado en su elenco, y al que sólo perjudican unos objetivos algo ambiciosos. Estos, eso sí, no restan un ápice a la actuación de Xabiani Ponce. La secuencia de apertura toma pues pleno sentido.

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