Jerez

Adiós a 114 años de tradición

  • Corría 1895 cuando el francés André Bocouze fundó 'La Jerezana', la primera fábrica de botellas de Jerez · Pocos años después le surgió competencia con 'La Constancia', que se levantó junto a la plaza de toros

El cierre de la fábrica de botellas de Jerez supondrá ponerle punto final a más de un siglo de tradición. Jerez ha tenido fábrica de botellas desde finales del siglo XIX, al amparo de un negocio bodeguero que, tras entrar en crisis en los años ochenta, ha ido cayendo llevándose consigo a las grandes empresas auxiliares que la acompañaban: imprentas (etiquetas), cartonajes (embalajes) y, por último, y fabrica de botellas.

El mercado del Jerez apostó por las botellas una vez que comprobó que el mercado de ultramar le exigía mayor calidad. El vino en botas o garrafas se 'mareaba' con celeridad llegando en mal estado a destino. Es por entonces cuando nacen leyendas como aquella que hacía referencia a que la manzanilla no podía consumirse más allá de Despeñaperros porque "se mareaba". La exageración, sobre todo, hacía referencia a los caldos sanluqueños que se resistieron al embotellado durante más tiempo que el jerez.

Corría 1895 cuando un empresario francés llamado André Bocouze hizo pública ante el Ayuntamiento de la ciudad su intención de construir en Jerez una fábrica de botellas.

La levantó, tal y como lo deseaba, junto a las vías del tren, para de esta forma garantizarse el suministro de carbón así como la rápida salida de sus productos hacia sus destinos finales vía ferrocarril. Por este motivo, el proyecto primitivo contemplaba incluso la creación de un ramal viario, que partiendo del kilómetro 109,460 del mencionado trayecto ferroviario llegaba hasta la misma fábrica.

La primitiva fábrica de botellas llega a Jerez cuando nadie la esperaba. No en vano, hacía apenas tres años que la 'Revuelta Campesina' de Jerez puso sobre el tapete político las horribles condiciones de vida de la clase obrera. El eco de 'La Mano Negra' aún latía con fuerza si bien se desconocía la verdadera dimensión de un engaño cuyo único fin fue acabar con cualquier atisbo de movilización social.

La fábrica en cuestión se llamó 'La Jerezana' si bien disfrutó de su particular 'monopolio' muy poco tiempo. No tardó en tener competencia pues en los terrenos vacíos que rodeaban la plaza de toros y casi lindando con el antiguo cementerio de Santo Domingo se levantó la fábrica de 'La Constancia', que también comenzó a trabajar antes de que comenzase el siglo XX.

Los amantes de las anécdotas deben saber que la barriada jerezana denominada en la actualidad 'La Constancia' toma su nombre precisamente de esta fábrica de botellas, ya que dicho barrio se levantó a mediados del siglo XX sobre los terrenos que un día albergaron la referida fábrica.

Como quiera que fuese, la aventura en solitario de 'La Jerezana' y de 'La Constancia' duró poco, ya que el 27 de abril de 1901, apenas cinco años después de sus respectivas constituciones, ambas fueron compradas por la Compañía General de Vidrierías Españolas.

Se trataba del más pujante grupo de empresas del sector vidriero de cuantod había en la España de principios del siglo XX. Dicho grupo empresarial fue el que introdujo en el país las más novedosas técnicas en la elaboración de botellas y envases de cristal a nivel industrial. Es fácil entender que cuando fueron compradas tanto 'La Jerezana' como 'La Constancia' trabajaban por entonces con técnicas que hoy tan sólo serían capaces de poner en práctica los más experimentados artesanos, tal y como es el caso del soplado con caña.

Pasarían los años y lo que fueron las vidrierías jerezanas fueron pasando de mano en mano por diferentes empresas nacionales hasta que, finalmente, la más potente de ellas la compró. Se trataba de las Vidrieras de Castilla Sociedad Anónima, que nombradas así quizás no suenen a nada, pero cuyo acrónimo, Vicasa, ha supuesto un referente en la ciudad durante los últimos sesenta años. Es más, aunque su propietario fuera la gran compañía vidriera francesa Saint Gobain, en la ciudad se le seguía nombrando como Vicasa.

La relación entre la fábrica jerezana y Saint Gobain ha sido especialmente larga. No en vano, desde los años veinte del pasado siglo ambas han estado relacionadas en mayor o menor medida con la compañía francesa. No en vano, las fábricas 'La Jerezana' y 'La Constancia' formaban parte de la Compañía General de Vidrierías Españolas que, desde sus inicios, tuvo a Saint Gobain entre sus más destacados accionistas.

El cierre de la fábrica de botellas de Jerez supondrá la clausura de su último horno, el último que permanece en activo en activo y que mantiene las cinco líneas de fabricación que se trabajan en la fábrica de la calle Arcos.

Los productos que se producen allí son, concretamente, las botellas de brandy, de vinos, vinos de Jerez, licores y aceite.

Los productos que se ofertan desde la planta de la avenida de Arcos son cinco igualmente en lo que al color del vidrio se refiere: blanco, extraclaro, topacio, negro y verde.

En la fábrica de botellas de Jerez se trabajaba bien. Buena prueba de ello es que la labor que se desarrolla en la factoría quedó avalada el año pasado con la obtención de las certificaciones APPCC Códex Alimentarius, ISO 14001 y OHSAS 18001, las máximas normas de calidad del sector vidriero destinado al uso alimentario, que de este forma certifican la inocuidad alimentaria de los productos elaborados bajo su amparo. Desgraciadamente, dicha certificación será tan sólo una anécdota que contar a partir de ahora a quien desee escucharla.

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