Jerez/Coronavirus

Crónica de reencuentros

  • Mayores y familiares de Domusvi Montealto se ven en persona por primera vez tras el inicio del estado de alarma el pasado 14 de marzo

Las mascarillas no dejan ver sus sonrisas pero sí la alegría en sus ojos. El primer deseo que viene a la cabeza cuando uno ya sabe que va a reencontrarse con su familiar ingresado en una residencia, y al que no ve desde mediados de marzo, es colmarlo de besos y abrazos. Pero la realidad es otra mucho más fría, por precaución. Desde que se permite la visita a estos centros, las residencias han adaptado las medidas pertinentes para poder llevarlas a cabo. Tal es el caso de Domusvi Montealto, que este martes celebró la primera desde que se inició el estado de alarma.

Eduardo se levantó sin vacilar cuando vio entrar a su hija por la puerta del patio. Hubo que frenarlo porque quería abrazarla, besarla. Era difícil contenerse, pero hubo que hacer de tripas corazón. “Ha sido mucho tiempo sin ver a mis padres. Lo estoy llevando regular y ahora no poder abrazarlos...”, cuenta muy emocionad María. Se recompone y ambos empiezan a juguetear zapatos contra zapatos, sentados, frente a frente, a distancia.

Isabel tampoco entiende por qué no puede darle un beso a su sobrina. “Pero dámelo, hija, dámelo”, le pide. “No podemos, todavía no. Pronto. Muy pronto podremos abrazarnos”, le alivia ella y le cambia de tema para romper el hielo.

Una franjas rojas compartimentan las visitas. En línea, los mayores a un lado y los familiares, a otro. En segundos, el patio y la sala de televisión y lectura se llenan de risas y charlas. Todo vuelve a ser casi como antes. Se nota alegría en el ambiente.Los trabajadores saludan animados. “Ellos (los mayores) necesitaban esto ya. Veros a vosotros (a los familiares) les da la vida”, asegura una auxiliar.

Rocío hace una videollamada a otros familiares para que participen del momento. No es la única. Desde un metro, se hacen fotos, se lanzan besos y abrazos simulados. “Qué extraño, ¿verdad?”, se escucha.

Por ahora, y hasta que se diga otra cosa, las visitan serán una vez a la semana y con una hora de duración, bajo cita previa. “En cuanto se publicó en el BOJA que se permitían las visitas, hicimos la adaptación pertinente con todas las medidas de seguridad estipuladas. Ha sido para todos una alegría”, asegura la directora del centro, Lorena Campos.

Alejandro se marcha feliz por haber visto a su madre después de tanto tiempo. “Estaba contenta y habladora”, dice mientras se frota las manos con gel hidroalcohólico.

“Ella no me reconoce. Ya ves, está más pendiente de otras cosas. Pero verla al menos es un alivio. Sentirla cerca aunque no nos podamos tocar. Es duro, pero es así. La vida”, cuenta otro familiar al final de la visita.

Se acaba el tiempo. Despedidas a distancia con besos voladores. Unas flechas rojas conducen ordenadamente hacia la salida. Ahora toca esperar a la próxima y que los abrazos sean ese sueño hecho realidad, sin virus que se interponga.

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