Patrimonio

Esculturas al tiempo

  • La historiadora May Ruiz Troncoso presentará este jueves una completa obra dedicada al Museo de Relojes de Jerez que recorre a su vez la historia del instrumento.

Esa obsesión por controlar el tiempo, ese placer por dejarse llevar por el tiempo... Y en 1981, May Ruiz Troncoso quedó maravillosamente atrapada por el tiempo en las salas del palacio de la Atalaya. A partir de ahí, durante cuatro años, cada mañana, se convirtió en su casa y se dedicó a estudiar cada reloj minuciosamente. A penas sin bibliografía, se recorrió los manuales de relojería del mundo para obtener una mayor información, una labor autodidacta. Se podría decir que ha sido un trabajo de ‘relojera’, minucioso, preciso, con mucho arte y labrado con paciencia y tesón. El resultado: 420 páginas en las que esta historiadora del Arte hace una introducción a la historia del reloj, habla del coleccionismo de relojes, recorre los principales museos de relojes del mundo, trata la evolución estilística de la relojería en Europa con el reloj francés, inglés, alemán, austriaco... desde el siglo XVII al XIX (época dorada en relojería) y las técnicas decorativas necesarias para hacer un reloj, hasta profundizar en el Museo de Relojes de Jerez y su extenso catálogo de 293 piezas de la actualidad. Una colección que se inició con 125 adquisiciones, que luego alcanzó las 301, provenientes en gran parte de María del Carmen Fernández de Córdoba, condesa Viuda de Gavia (1865-1949), que adquirió José María Ruiz-Mateos para la puesta en marcha del Museo, que pasó antes por los padres Capuchinos. El anticuario Pedro León completó el resto. El Museo se inauguró el 20 de marzo de 1973. Por diferentes razones, la colección se redujo hasta las 293 de hoy.

El visitante, a través de las salas Losada, Luis XV, Azul, Oro, Púrpura, de los Espejos, Verde y Arturo Paz recorre cada pieza. La visita concluye en el Taller del Relojero del siglo XVIII, donde la tecnología recrea a través de hologramas una escena curiosa que sorprenderá al observador. Y a través de sus páginas, la autora ‘acompaña’ al visitante a modo de visita guiada escrita que va mucho más allá de explicar la historia de cada obra. En el apartado de Catálogo de Relojes, la investigadora se detiene en cada uno de ellos para desgranarlos en una descripción, el estilo y la fecha, la firma, la maquinaria, la esfera, las medidas y los ejemplares similares.

‘El Palacio del tiempo: Museo de Relojes de Jerez’ (Editorial Séneca), con fotografías de Luz de Abril, se presentará en los Museos de la Atalaya (C/ Lealas, 30), el próximo jueves, 15 de junio, a las 20,30 horas, con la introducción de Amelia Aranda Huete, conservadora de Relojes de Patrimonio Nacional, prologuista de la obra. Hay que destacar que los beneficios del libro estarán destinados al proyecto ‘O Couso’ y a Las Beguinas en Togo. Dicho día el Museo estará abierto al público a esa hora.

Entre las piezas que destaca Ruiz Troncoso está un Luis XVI de estilo Rococó en el que giran las esferas, en vez de las manillas, hecho en bronce dorado con ormolu, un polvo de oro que se disolvía en mercurio pero que provocaba ceguera a los doradores, así que se llegó a prohibir. Otro de la época directorio, antes del reinado de Napoleón, en el que sobresale la influencia de las Antillas, el contraste del bronce pavonado oscuro, el dorado y el negro de la piel de la amazona, de la firma Dezerberg. “La relojería no es un tema muy conocido. Es algo elitista porque piezas de esta categoría no se pueden tener en casa, hace falta un nivel adquisitivo importante”, apunta. “En un reloj –añade– hay que mirar diferentes aspectos: la caja y la maquinaria. De la primera hay que fijarse en los materiales, el estilo, en qué condiciones se encuentra”. Y se refiere así a la caja más antigua del Museo, obra de Charles Frodsham (relojero de la reina Victoria), del siglo XVII, realizada en madera de caoba y ébano con incrustaciones de lapislázuli y mármoles de diferentes tipos que representa a un templo romano. Fue creado para ser utilizado de noche con un candil encendido y cristal traslúcido. Todos los modelos se pueden encontrar reproducidos con posterioridad, pero se nota la diferencia del original. Los del Museo de Relojes de Jerez “son todos originales, pero hay un reloj Boulle de Luis XIV fabricado en el XIX en vez de en su época”.

La autora tiene su reloj favorito (con el que posa en la imagen) dedicado al príncipe Paris, obra de J. A. Lepaute, “que me emociona mucho, la perfección de su anatomía... Es fantástico. Y tiene grabada una abeja, pero no es la de Rumasa”. Enamorada de la evolución de las esferas y las agujas, la belleza y delicadeza de las obras, se imagina por qué manos pasaron, por ejemplo, los relojes de bolsillo. Para este estudio, la autora no pudo manipular ninguna de las piezas, ni tan siquiera tocarlas, “ya que la maquinaria es muy delicada y si se mueve, los relojes se atrasan y se adelantan”. A este respecto, Ruiz Troncoso apunta que los franceses dan más importancia a la belleza exterior, a la estética, y menos a la maquinaria. Sin embargo, las inglesas son máquinas más robustas y resistentes.

De los expuestos en vitrina, entre los que hay numerosos de bolsillo y de mesilla de noche, sobresale un reloj de carroza austriaco (anónimo, 1837), destinado al uso en viajes, que por su gran tamaño se le denominaba ‘cebollón’, cuyo sistema no se descompensa a pesar del movimiento.

Cada reloj es una pieza histórica en sí que cuenta otras muchas historias. Una obra, este libro, la primera sobre el Museo de Relojes de Jerez, “el más importante del país, con relojes en marcha, abierto al público, didáctico, con un sentido museístico y con actividades. Pido a los ciudadanos que visiten este tesoro y a las fuerzas políticas que amplíen el horario de visitas y que contraten a un relojero restaurador”.

Cada pieza del Museo de Relojes de Jerez es una escultura al tiempo que habla de amor, batallas, rendiciones, mitología, del sol... El tic tac de la historia que mejor suena.

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