El Rocío

La Hermandad de Jerez cruza su sueño rociero con la ilusión renovada

  •  Sol y calor en una jornada espléndida de romería, lo que propició una gran animación a la salida de la hermandad jerezana. A las seis de la tarde, el Simpecado y los carros cruzaron la desembocadura del río.

El Simpecado de Jerez y las carretas ponen rumbo ayer por la tarde a la playa de Malandar desde Bajo de Guía El Simpecado de Jerez y las carretas ponen rumbo ayer por la tarde a la playa de Malandar desde Bajo de Guía

El Simpecado de Jerez y las carretas ponen rumbo ayer por la tarde a la playa de Malandar desde Bajo de Guía / Manuel Aranda

Desde primera hora de ayer, la hermandad del Rocío partió hasta Bajo Guía donde se procedió con total tranquilidad.

Eran las nueve de la mañana cuando el Simpecado se abría paso por las puertas de Santo Domingo. La carreta esperaba con un tiro de cuatro mulos a la larga que iban a tener el privilegio de portar ese estandarte que lleva a Jerez a la aldea del Rocío. Y se inició el camino bajo las cepas moradas de jacarandas de la Porvera, que eran como una extensión más del color de la hermandad.

El pasado se deja atrás como una historia de amor que se queda aparcada en una acera. Ahí se quedan las inquietudes, los problemas, las angustias y los deseos de todo un año. Ahora lo único que toca es seguir hacia adelante. Olvidarse del pasado y ver sólo el horizonte que parece que se quiebra en Bajo Guía. Pero el destino no contempla que en ese lugar donde la Virgen quiso que se edificaran los siete sentidos de Dios, allá donde Malandar es la antesala del verdadero camino, la hermandad pasara por encima del agua. La barcaza de Cristóbal se encarga de ello.

Pero si vamos por partes, la hermandad de Jerez salió como es tradicional con el adiós de las hermandades de penitencia. Ora en el colegio de San José ora en la Victoria, Santiago o, más allá, en el Calvario, donde los cofrades de la hermandad de la Piedad decían adiós al Simpecado a las afueras de Jerez. La Piedad, en su amargura dulce, decía un hasta luego a esa otra Virgen de Gloria que es Rocío y que lleva al Pastorcillo Divino en sus brazos.

La hermandad del Rocío de Jerez llegó al Barroso. Era el primer rengue y el primer Ángelus a la vera de las cepas de viñas sobre la tierra de albariza. Algo de calor.

La jornada de ayer puede ser la más dura de todas. Asfalto y suelo en llamas que marcan los pies de los peregrinos. Un camino en carretera en el que parece que el milagro de Bajo Guía no aparece nunca. Más allá llegó el almuerzo. Una serpentina de carriolas iba tomando lugar en la zona de Ventosilla, a pie de carretera, en el que no existe ni una triste palmera para dar cobijo al peregrino. Tres chicas se sientan entre las llamas del asfalto y se toman un bebida isotónica. “Venimos a probar. No somos rocieras. Pero queríamos saber qué es esto del camino. Y lo cierto es que es muy duro. Hemos tomado esta jornada como un entrenamiento para el camino de Santiago que haremos en julio. Pero creo que esto es peor que lo que nos espera en la vía xacobea”, afirma una de ellas.

La comitiva reanudó la marcha. Existe como un aire un tanto anárquico que tiene su encanto en esto del Rocío. Cada uno, como diría un castizo, va a su ‘bola’. Unos caminan por delante del Simpecado. Otros van a caballo. Aquellos se afanan a agarrarse a la carreta para ir pegados al buque insignia de la hermandad. Otros van en vehículos y carriolas. Unos llevan quebrados los pies mientras que otros cantan a la Reina de las Marismas entre cuñas de tortilla y catavinos que nunca acaban. Pero a todos los romeros les mueve un mismo anhelo: llegar allá adónde la Virgen quiso reinar por siempre.

Embarque

Por fin la hermandad llegaba a Bajo Guía. Parecía como si nunca se hiciera presente la mar en el horizonte del romero. Pero todo tiene un fin. Jerez embarcó, más o menos a su hora. Eran las seis de la tarde cuando el Simpecado entraba en la barcaza de Cristóbal, el barquero que lleva toda una vida llevando y trayendo milagros cumplidos y requiebros de peticiones.

Gracias a la colaboración del Servicio Marítimo de la provincia de Cádiz de la Guardia Civil, a su tripulación de destacados agentes de la Benemérita, se pudieron recoger las mejores imágenes del paso de la hermandad de Jerez por el Río. Una operación que siempre contrae muchos nervios toda vez que las bestias se sienten inquietas ante la rampa que conduce a la barcaza. Embarcó el Simpecado con las más de trece carretas, charrets y carriolas. Y el mar sólo sirvió de alfombra verde espuma para llevar todo este milagro a la playa de Malandar. Todo con absoluta normalidad. Alcanzando el Coto, y al cierre de esta edición, la hermandad de Jerez se internaba entre la dunas y los pinos buscando la entrada a Doñana que conduce hacia el palacio de la Marismilla, lugar donde caerá la noche y la carreta encenderá su guardabrisas para aterciopelar esas sevillanas sentidas a las que sólo la noche puede ofrecer cobijo y sentido. Mañana será otro día. De sueños y de esfuerzos. De marismas y de arenas. Una etapa más con el decorado inmejorable del Coto de Doñana. Todos los caminos podrían conducir al Rocío. Pero se podría afirmar que el camino de las hermandades de Cádiz por el Coto es y será para siempre el más bonito del mundo. Aquí estaremos para contarlo.

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