Jerez

Y Jerez llegó a las puertas del Rocío

  • La Hermandad jerezana pernoctó en El Guaperal sin incidentes para presentarse hoy ante la Blanca Paloma

Y Jerez llegó a las puertas del Rocío Y Jerez llegó a las puertas del Rocío

Y Jerez llegó a las puertas del Rocío

Era un pueblo que iba buscando la tierra prometida de las Marismas. Ahí es nada. El pueblo de Israel iba buscando un sustento que manaba leche y miel. Aquí no falta ni gloria en la romería del Rocío. Ni un sólo detalle para quienes difrutan a 'tutiplén' sobre sus carriolas arrastradas por un tractor. Pero que a nadie se le olvide que este pueblo va buscando la tierra privilegiada en la que la Virgen del Rocío quiso quedarse. Los almonteños son sus gentes de las marismas, quienes tuvieron el privilegio de ser los custodios, como lo fue la tribu de Leví a la que se otorgó la custodia del mismísimo templo de Israel.

Pero que nadie se llame a espanto. Los enviados especiales de este medio tuvieron el privilegio, no de ser los custodios de nada, sino de pertenecer a ese pequeño grupo de expedicionarios que seguían la ruta que iba marcando un Moisés muy especial, el de la romería del Rocío, que no es otro que Félix Moreno. Un tipo puro, uno de los nuestros que desarrolla un día al año esa verdad entre los pinos y los trescientos cincuenta y cuatro días en su taller de la calle Córdoba.

La hermandad del Rocío prosiguió con su ruta hasta que llegó a El Guaperal. Una etapa dura, entre arenas profundas, entre palmitos y romero, carrasca y brezo. No existe un paraíso mejor que Doñana cuando queremos actualizar al presente el Edén del que nos habla el Génesis. La Virgen espera y hay que seguir, pese a la desesperación, como diría Margarite Durás para quienes son aficionados a esto de la literatura.

Se llegó a ese centro cósmico que es el Cerro de los Ánsares para celebrar la Eucaristía a las diez y media de la mañana. Cuando el Santísismo se elevaba en la consagración parecía que apenas a cuatro peldaños de distancia estaría el Cielo Eterno. Pocos parajes pueden ser mejores que este lugar de Doñana, tan nuestro y tan distante. Separado de las arenas del resto de la civilización. Y volvemos a hacer referencia a nuestro recordado padre Alexis, al que a este cronista no paran de recordarle los romeros, y que fue quien hace años se dio cuenta y supo que en el camino este cerro, rodeado de arenas y de cielos celestes, tenía que quedar sellado para siempre en el corazón de los rocieros por medio de la Eucaristía. Sellado quedó, con una fotografía de Juan Pablo II que quedó en recuerdo de la primera Misa enterrada en las arenas del bendito cerro. Así que, desde entonces, así será por 'secula seculorum', porque la Virgen así ha querido otorgar este privilegio a Jerez.

A partir de ahí sobrevino la bajada profunda para aterrizar en la Laguna del Sopetón en la que se paró la hermandad para recobrar fuerzas y seguir adelante hasta encontrar la raya o el cortafuego que conduciría a El Guaperal, lugar en el que la hermandad debió de descansar hasta llegar hoy al Manecorro, tras pasar por Palacio y el Cancelín, en el que los cronistas volverán a volver a este divino tajo de la Virgen y la vida en estado puro.

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